Mensaje Nº 81
12 de Septiembre de 1979


Mis queridos amigos, estoy verdaderamente feliz de estar una vez más con vosotros, y de magnetizar vuestra aspiración de esta manera.

Mi Venida evoca en el hombre un deseo de cambio, un deseo de mejora, como quiera que se exprese.
Mis Energías engendran en el hombre descontento divino.
Todo lo que es inútil en nuestras estructuras debe desaparecer.
Hay muchas de ellas que no son dignas del hombre ahora.

El hombre es un Dios emergente y por tanto necesita la formación de modos de vida que permitirán a este Dios florecer.
¿Cómo podéis estar satisfechos con las formas en las que vivís ahora: cuando millones de personas pasan hambre y mueren en la miseria; cuando los ricos ostentan su riqueza ante los pobres; cuando cada hombre es el enemigo de su vecino; cuando ningún hombre confía en su hermano?
¿Por cuánto tiempo debéis vivir así, amigos Míos?
¿Por cuánto tiempo podéis soportar esta degradación?

Mi plan y Mi deber es revelaros un nuevo camino, un camino a seguir que permitirá a lo divino en el hombre resplandecer.
Por tanto hablo con gravedad, amigos y hermanos Míos.
Escuchad bien Mis palabras.
El hombre debe cambiar o morir: no hay otro camino. Cuando comprendáis esto aceptaréis alegremente Mi Causa, y demostraréis que para el hombre existe un futuro bañado en Luz.

Mi Enseñanza es sencilla:
Justicia, Compartir y Amor son aspectos divinos.
Para manifestar su divinidad, el hombre debe abrazar estos tres.

Que la Luz, el Amor y el Poder Divinos del Unico y Santísimo Dios se manifiesten ahora en vuestros corazones y en vuestras mentes.
Que esta manifestación os lleve a la realización de vuestra parte en el Gran Plan.


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