Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Abril 2011
Título: La responsabilidad del hombre
Autor: por el Maestro —, a través de Benjamin Creme


Artículo por el Maestro —, un miembro antiguo de la Jerarquía de los Maestros de Sabiduría.
Su nombre, bien conocido en círculos esotéricos, no ha sido aún revelado por diversas razones.
Benjamin Creme está en constante contacto telepático con el Maestro que le dicta Sus artículos


La responsabilidad del hombre

Por el Maestro —, a través de Benjamin Creme, 13 de marzo de 2011

Desde los tiempos más remotos, la humanidad ha temido las perturbaciones naturales de nuestro hogar planetario. Cataclismos de ferocidad inimaginable han destruido enormes áreas de la superficie de la Tierra una y otra vez. Este hecho es difícil de aceptar para muchos y suscita, siempre, graves dudas en las mentes de muchas personas religiosas sobre la veracidad del amor de Dios por la humanidad. ¿Cómo podemos creer en un Dios amoroso que permite que mueran miles de personas en terremotos, tsunamis y demás? Si la humanidad comprendiera su propia involucración en tal destrucción planetaria, podrían desempeñar un papel significativo en evitar tales sucesos.

La corteza de la Tierra, como ha evolucionado a lo largo de las eras, no es indivisa ni está homogéneamente extendida alrededor del mundo. Como es bien sabido, toma la forma de diversas placas a distintas profundidades, que se superponen y están en un relativo movimiento constante. Los países y ciudades que yacen o están cerca de los bordes de las placas, o fallas geológicas, están por consiguiente sujetos a terremotos y, si están cerca de regiones oceánicas, a tsunamis. No es una cuestión de que el amor de Dios falla a la humanidad sino de presión sísmica que debe liberarse. ¿Qué, podríamos preguntarnos, hace que la presión sísmica crezca hasta tal punto destructivo?

Los Devas elementales (o fuerzas Angélicas) supervisan el mecanismo por el cual estas energías colosales actúan o son modificadas. La Tierra es un Ente vivo y responde al impacto de estas fuerzas de diversas formas. Una gran fuente de impacto proviene directamente de la humanidad. Al crear la humanidad, en su forma competitiva habitual, tensión a través de guerras, y crisis políticas y económicas, es decir, cuando estamos desequilibrados, también las vidas dévicas se desequilibran. El resultado inevitable son terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis. Nosotros somos responsables.

¿Cómo entonces poner fin a este ciclo de destrucción? La humanidad tiene los medios pero hasta ahora carece de la voluntad para cambiar. Debemos vernos a nosotros mismos como Uno, cada hombre y mujer un reflejo de lo Divino, hermanos y hermanas, hijos e hijas del Padre Uno. Debemos desterrar la guerra para siempre de esta Tierra; debemos compartir los recursos de este planeta que pertenecen a todos. Debemos aprender a vivir en armonía con el planeta mismo para conocer un futuro de armonía entre nosotros. Maitreya ha venido a mostrar a los hombres el camino, y para galvanizar las acciones del hombre. En todo el globo, los hombres están encontrando su voz y pidiendo justicia y libertad. Muchos han muerto para reclamar su derecho, otorgado por Dios, de libertad y justicia. Su llamada es para todos los hombres y mujeres de todas partes para verse a sí mismos como Él les ve, como Divinos, Hijos e Hijas de la Divinidad Misma.




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