Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Enero/Febrero 2007
Título: Cartas de Lectores sobre Experiencias de Maitreya y los Maestros

CARTAS AL EDITOR

Cuando se escriba a la sección de cartas de Share International, por favor indicar si desea que su nombre sea omitido. En ausencia de indicaciones los editores asumirán que el nombre puede publicarse. A menos que se pida lo contrario, algunas de estas cartas podrían ser reproducidas en nuestra página web. Allí sólo se utilizarán iniciales, ciudad y país.
Debido al espacio disponible, en esta sección sólo se publicará una selección de todas las cartas que se publican en la versión inglesa de la revista.
Debido al creciente número de cartas recibidas, podrían pasar meses hasta que una carta fuera publicada. Por favor abstenerse de enviar una misma carta más de una vez, puesto que puede causar retrasos y confusión.

Durante muchos años, algunos de los Maestros, en especial Maitreya y el Maestro Jesús, se han aparecido en las conferencias y Meditaciones de Transmisión de Benjamin Creme. Ellos también se aparecen, con diferentes disfraces, a un gran número de personas en todo el mundo. Algunas personas envían sus experiencias a la revista Share International. Si las experiencias son autentificadas por el Maestro de Benjamin Creme, las cartas son publicadas.
Estas experiencias son dadas para inspirar, guiar o enseñar, a menudo para curar e inspirar. Muy a menudo, también, llaman la atención, o comentan, de una forma divertida, alguna intolerancia fija, por ejemplo, fumar o beber. Muchas veces los Maestros actúan como "ángeles" salvadores en accidentes, durante tiempos de guerra, terremotos y otras catástrofes.
Ellos utilizan un 'familiar', una forma mental, que parece totalmente real, y a través de la cual los pensamientos del Maestro pueden expresarse: Ellos aparecen como un hombre, una mujer, un niño, a voluntad. Ocasionalmente Ellos utilizan el 'patrón' de una persona real, pero en la mayoría de las veces el 'familiar' es una creación completamente nueva. Las siguientes cartas son ejemplos de este tipo de comunicación de los Maestros.


Visión del mundo

Estimado Editor,

En la tarde del 20 de marzo de 2006, mientras conducía de Tolmin a Liubliana, llevé a un autoestopista. Estaba inmerso en mis pensamientos, así que no invertí mucho tiempo en mirarle mientras entraba en el coche, pero tuve la extraña sensación de que era alguien que conocía. Le volví a mirar de forma rápida e impulsiva, y me encontré con sus brillantes ojos azul pálido. Él me sonrió sinceramente y me volvió a saludar.

Al principio permanecimos sobre todo en silencio, hasta que me preguntó algo sobre mi coche. Él parecía muy cordial, y pronto estábamos hablando de esto y de aquello. Él parecía muy relajado, sentado confortablemente a mi lado. Vestía muy sencillamente, tenía pelo castaño oscuro y barba. Emanaba un placentero aroma a madera quemada. Me dijo que vivía en una pequeña aldea en las montañas, de forma sencilla y satisfactoria. (Luego dijo que planeaba volver a la ciudad más a menudo, incluso cuando no le gustaba la forma de vida agresiva y competitiva allí.)

Poco a poco nuestra conversación se hizo cada vez más interesante. Él dijo que la ciencia y la tecnología tenían que avanzar hasta tal punto que pronto sería posible producir coches que serían casi tan rápidos como cohetes. Le contesté que sería mejor si la industria automovilística buscara formas de producir coches que no contaminaran tanto la atmósfera. Me quedé sorprendido por su entusiasta respuesta: "¡Sí, sí, sí!" De ahí en adelante comenzamos a hablar sobre los problemas actuales del mundo.

Él comentó sobre la guerra en Irak, diciendo que fue absurdo que EEUU enviara a sus hijos a morir allí por el petróleo. Dijo que el principal interés de esta guerra fue evitar una caída de la bolsa. (En ese momento, mi corazón se aceleró, dado que pensé por primera vez que quizás era Maitreya.) Le pedí que explicara las conexiones que había hecho, y él contestó que esta guerra había ayudado a la industria armamentista de EEUU y de esa forma también a la economía norteamericana que de otra forma se hubiera derrumbado (que según él estuvo a punto de ocurrir antes de la guerra).

Recordé las cosas que había leído sobre la bolsa en Share International y dije que la bolsa había convertido al mundo actual en un casino global. Él estuvo de acuerdo y dijo que este sistema era muy injusto, siendo la falta de justicia el principal problema actual. Tantas personas trabajan tan duro y ganan tan poco, mientras que otras pueden ser inmensamente ricas, sin contribuir nada a la comunidad. Él indicó que este problema sólo podía solucionarse con la justicia y el compartir. Según él, la bolsa pronto caería, a pesar de los esfuerzos de un grupo de personas muy hábiles e inteligentes que la mantienen con sus trucos.

Él me dijo cómo este problema de la injusticia se veía en Eslovenia: "Trabajadores construyeron fábricas después de la Segunda Guerra Mundial, y contribuyeron al desarrollo de las fábricas existentes. Hicieron grandes sacrificios. Y ahora aquellos que fueron lo suficientemente hábiles se han apoderado de estas fábricas con mera especulación. Aquellos que realmente trabajaron duro, ahora no tienen nada".

Él me preguntó sobre mi trabajo, y yo le dije que era psicoterapeuta. Comentó que él hacía algo similar: "Hablo con la gente y sus vidas comienzan a cambiar sin que incluso lo noten". Él dijo que si yo deseaba ser feliz, tenía que dar, dar, sencillamente dar a los demás todo lo que tenía y no necesitaba. De esta forma la vida puede fluir, y siempre tendré lo suficiente.

Le pregunté sobre su profesión y él contestó que era economista. Le pregunté si había alguna alternativa a cómo funcionaba actualmente la economía. Él sonrió e hizo un gesto con la mano, señaló al corazón y luego a la boca, repitiéndolo unas veces. Le pedí que explicara aquello. "Lo denomino manonomía". Comentó que ya estaba sucediendo en el mundo. Había grupos de personas que intercambiaban bienes entre ellas. Alguien poseía tal o cual habilidad y conocimiento y podía hacer ciertas cosas, mientras que otro podía hacer alguna otra cosa. E intercambian y comparten lo que tienen y pueden hacer directamente. (Un tipo de trueque, si lo entendí correctamente.)

Hacia el final del viaje le pregunté cómo podía ocurrir el cambio en el mundo. El contestó que las personas tenían que hablar sobre cosas y divulgarlas. Es divulgar de individuo a individuo y es así como la cifra crece. Pero lo más esencial es que las personas vivan lo que hablen. No es tan importante lo que consigas. Lo que es más importante es quién eres y que seas sincero contigo. Entonces las cosas suceden. Esto en sí mismo es una poderosa fuerza y puede producir el cambio en el mundo.

Cuando llegamos y él se bajó del coche, le miré por última vez, y él me saludó agitando la mano. Me sentí inspirado y seguí pensando sobre este encuentro y sobre lo que había oído. Me siento así incluso ahora, cuando escribo estas líneas. ¿Era Maitreya este hombre inusual?

T. F., Liubliana, Eslovenia.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el 'autoestopista' era en realidad el Maestro Jesús.)


Información privilegiada

Estimado Editor,

He sido voluntaria durante muchos años en la Sociedad Teosófica, Gloucester Road, Londres, sirviendo té o café en las conferencias dominicales y generalmente ocupándome de los visitantes.

El 1 de octubre de 2006 había una conferencia y después las personas se quedaron para un refrigerio. Me había llevado conmigo algunas tarjetas de la conferencia de Benjamin Creme para darlas a las personas que pudiesen asistir a su conferencia.

Un hombre muy delgado, vestido elegantemente, de mediana edad vino a por una taza de té. Nunca le había visto antes y no le he vuelto a ver. Sentí el deseo de hacerle saber sobre Maitreya y le expliqué muy brevemente sobre la Jerarquía Espiritual de nuestro planeta, sobre Maitreya y su papel en ella y su intención de presentarse abiertamente muy pronto.

Él me escuchó muy atentamente y parecía conocer lo que le estaba diciendo, lo que me sorprendió porque normalmente las personas expresan sorpresa o incluso duda cuando oyen esta historia. Le di la tarjeta y comenté que no se arrepentiría si asistía a la conferencia el siguiente jueves. Entonces me dijo: "Quizás tú eres Maitreya, ¡Hay un poco de Maitreya en todos nosotros!", con lo que estuve de acuerdo pero resalté que se tenía que sacar a relucir. ¿Quién era?

C. S., Londres, Inglaterra.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya.)


Capacitación de instructor

Estimado Editor,

En octubre de 2006 asistí a un stand de Share International en Montreal. Dado que soy un poco tímida, el día antes pedí a Maitreya que me guiara. Al dominar dos idiomas, a veces tengo dificultad en expresarme. Esa tarde una pareja sudamericana se acercó a nuestra exposición de libros y literatura. La mujer prefirió explicaciones en francés y el hombre en inglés. Expresaron interés en saber sobre Maitreya y me animaron a ampliar mis respuestas a sus preguntas. Finalmente aceptaron la literatura que les di pero no asistieron a la charla que se celebró sobre Maitreya, los Maestros de Sabiduría y la Meditación de Transmisión. ¿Se trató de Maestros o sencillamente una pareja muy simpática?

G. S., Dollard-Des-Ormeaux, QC, Canadá.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya y la 'mujer' el Maestro Jesús.)


Revisión dental

Estimado Editor,

En mi visita al Hospital Dental de Manchester a finales de septiembre de 2006, vi a un hombre que llamó mi atención. Era alto y delgado, sentado sobre una caja de electricidad verde, sonriendo alegremente a todos los que pasaban. Nos sonreímos mutuamente, y este joven, vestido de forma informal con tejanos, jersey y chaqueta, me habló. No le oía con mucha claridad y le pregunté si me estaba hablando a mí. "Sí, hola." Tenía una lata en su mano, ¡así que pensé que debía asegurarme de que no fuera un borracho! Le contesté: "Hola, soy Jenny", y nos dimos la mano. Me sonrió y me preguntó sobre mis dientes. "Abre la boca, déjame echar un vistazo... Oh, sí, estarás muy bien ahora", dijo. Le pregunté si estaba estudiando en Manchester, a lo que contestó: "Sí". Algo en su tono me hizo preguntar: "¿Pero no en la universidad, verdad?" "No, ¡estoy estudiando el mundo!" contestó.

Me quedé tan asombrada, pensando: "¿Es un Maestro Espiritual o un borracho?" Él contestó a este pensamiento ofreciéndome beber de su lata. Hablamos durante una media hora, sobre la paz mundial entre otras cosas. Yo dije: "¡Desearía que Bush y Blair se marcharan!" Me obsequió con una mirada algo exasperada y dijo: "Intenta no ser negativa, necesitamos que estén en su lugar durante un poco más de tiempo". Él añadió: "Sabes, el mundo ha girado en una esquina ahora, por primera vez, tenemos a más personas positivas pronunciando oraciones en todo el mundo, ¡al mismo tiempo!" "¿Lo tenemos?" pregunté. "Oh sí, seguro, y necesitamos tantas personas espirituales que trabajen por la paz aquí como podamos". Él también dijo algo sobre ser conscientes de nuestros pensamientos, palabras y acciones entre nosotros, debemos ser pacíficos.

Le comenté sobre la manifestación por la paz en Londres ese fin de semana, y él contestó: "Sí, lo sé, espero que se mantengan calmados y sea una manifestación pacífica. Las personas se emocionan demasiado con lo que piensan que es 'correcto' y comienzan a gritarse unos a otros. Sólo porque tengan razón no significa que deban olvidarse de que todos somos hermanos y hermanas".

Él entonces preguntó: "¿Me ayudarías con el trabajo?" Como un yo-yo dije: "Sí pero no puedo ahora, ¡tengo que ir a casa a dar de comer al gato!" Me dio un abrazo, diciendo: "Dios te bendiga".

Luego vi a un hombre sentado en el suelo, en un portal, con una flauta en su mano. Él me pidió dinero pero le expliqué que no llevaba nada encima pero que le podía dar algunas de las moras que acababa de comprar. Era alto, delgado y tenía una sonrisa maravillosa, y parecía muy complacido con las moras. Mientras caminaba hacia la estación, no podía de dejar de sonreír a todos, ¡y me devolvían la sonrisa!

¿Conocí a seres especiales ese día?

A. J. W., Oldham, Lancashire, Reino Unido.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre sentado en la caja de electricidad era Maitreya y el hombre en el portal con la flauta era el Maestro Jesús.)


Hermana de la misericordia

Estimado Editor,

En 1999 tuve un encuentro con una monja que tuvo un impacto en un hábito de toda la vida: frecuentemente perdía o colocaba cosas en el lugar equivocado. Esto me frustraba, e irritaba a las personas a mi alrededor.

Tuve un día de trabajo en Manchester, al Norte de Inglaterra, a dos horas en tren. Como llegué algo temprano, me detuve a mirar en una tienda de ropa. Entonces, mientras abandonaba la estación, observé a una monja con aspecto de anciana sentada en el suelo. Sostenía una lata redonda de colecta con una etiqueta escrita a mano que decía: 'PARA LOS SORDOS'. Me detuve para darle algo, pero cuando abrí mi bolso, mi cartera no estaba allí: "Debo haber olvidado la cartera en la tienda". La monja respondió con acento irlandés, pareciendo preocupada y comprensiva: "Deja tus cosas conmigo y ve corriendo y búscala". En completa confianza, dejé mi maletín y mi abrigo, y volví corriendo a la tienda. Allí, aún sobre el mostrador, a plena vista de todos, estaba mi cartera roja brillante, la recogí, volví deprisa hasta la monja, puse algo de dinero en su lata y le agradecí. "Gracias a Dios que estaba aquí", dijo. Pareció como una bendición, porque de otra manera hubiera estado en un taxi antes de darme cuenta de la pérdida, que hubiera sido un terrible comienzo para mi día de trabajo.

Después, de pronto me vino el pensamiento: no esperarías ver a una monja sentada en el suelo, como una mendiga, con una lata de colecta hecha a mano. Para entonces el suceso había tomado una cierta cualidad atemporal. ¿Podría esta monja haber sido algo más de lo que aparentaba?

Cuanto más pensaba en ello, más sorprendente se volvía. Sentí como si me hubiese cuidado un buen padre, que, al mismo tiempo, trajo claramente a mi conciencia mi hábito de 'desperdigar' mis pertenencias. Desde entonces, perder cosas ya no parece ser un problema para mí. No me preocupo tanto y pongo más atención con lo que hago con mis cosas. ¿Quién era la monja que me ayudó?

P. P., Londres, Reino Unido.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que la 'monja' era el Maestro Jesús.)




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