Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Enero/Febrero 2006
Título: Cartas de Lectores sobre Experiencias de Maitreya y los Maestros

CARTAS AL EDITOR

Cuando se escriba a la sección de cartas de Share International, por favor indicar si desea que su nombre sea omitido. En ausencia de indicaciones los editores asumirán que el nombre puede publicarse. A menos que se pida lo contrario, algunas de estas cartas podrían ser reproducidas en nuestra página web. Allí sólo se utilizarán iniciales, ciudad y país.
Debido al espacio disponible, en esta sección sólo se publicará una selección de todas las cartas que se publican en la versión inglesa de la revista.
Debido al creciente número de cartas recibidas, podrían pasar meses hasta que una carta fuera publicada. Por favor abstenerse de enviar una misma carta más de una vez, puesto que puede causar retrasos y confusión.

Durante muchos años, algunos de los Maestros, en especial Maitreya y el Maestro Jesús, se han aparecido en las conferencias y Meditaciones de Transmisión de Benjamin Creme. Ellos también se aparecen, con diferentes disfraces, a un gran número de personas en todo el mundo. Algunas personas envían sus experiencias a la revista Share International. Si las experiencias son autentificadas por el Maestro de Benjamin Creme, las cartas son publicadas.
Estas experiencias son dadas para inspirar, guiar o enseñar, a menudo para curar e inspirar. Muy a menudo, también, llaman la atención, o comentan, de una forma divertida, alguna intolerancia fija, por ejemplo, fumar o beber. Muchas veces los Maestros actúan como “ángeles” salvadores en accidentes, durante tiempos de guerra, terremotos y otras catástrofes.
Ellos utilizan un ‘familiar’, una forma mental, que parece totalmente real, y a través de la cual los pensamientos del Maestro pueden expresarse: Ellos aparecen como un hombre, una mujer, un niño, a voluntad. Ocasionalmente Ellos utilizan el ‘patrón’ de una persona real, pero en la mayoría de las veces el ‘familiar’ es una creación completamente nueva. Las siguientes cartas son ejemplos de este tipo de comunicación de los Maestros.


Autoservicio

Estimado Editor,

En enero del 2005 estaba visitando a mi familia en Teherán, Irán. Mi madre sugirió un día que fuéramos a casa en autobús después de ir de compras dado que no me había sentado en un autobús en Irán desde mis días de colegio.

Esperamos en la parada de autobús y de cuando éste llegó me di cuenta que los hombres subían por delante y las mujeres por detrás. En el autobús había una pequeña valla de alambre trenzado que separaba a los hombres de las mujeres. Yo estaba de pie con el resto de las mujeres en la parte trasera y estaba asombrada del arreglo dado que los hombres iban sentados delante y las mujeres de pie detrás.

Cuando el autobús comenzó a moverse, desde el frente, un hombre de unos 35 a 40 años, delgado, se puso de pie con un montón de hojas de papel blancas A4, con escritos, en su mano y comenzó a gritar para que todos pudieran escuchar. Él decía: “Imán Zamaan (Maitreya) está aquí –leed todo sobre ello. Levantad las manos si queréis un panfleto.”

En un momento me miró directamente y sentí que me desafiaba a recoger uno. En mi cabeza me debatía por decidir si este hombre era genuino o no. No levanté la mano y cuando decidí recoger uno, era demasiado tarde. Me he estado arrepintiendo de mi acción desde entonces. ¿Podría por favor decirme si ese hombre era Maitreya?

E. P., Westcliff on Sea, Reino Unido.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el ‘hombre del autobús’ era Maitreya.)


Empatía

Estimado Editor,

En la tarde del 16 de octubre del 2005, el día de la conferencia de Benjamin Creme en Munich, había estado visitando la iglesia de peregrinaje en Altötting en Baviera junto con mi familia (esposa y dos hijas discapacitadas). De pie en la puerta de salida con mi hija (en silla de ruedas), noté que alguien tiraba de mi brazo. Girándome vi a un niño de unos 10 años con gafas y un audífono. Me miró fijamente e hizo una señal para que me agachara, para poder darme un beso en la mejilla derecha. Cuando le pregunté su nombre, respondió “Martin”. Tomó mi mano y me guió a través de la iglesia, hasta la cripta y de vuelta. Durante la corta excursión, él deseaba que le abrazara, algo que hice a menudo. Después de despedirnos, de repente desapareció. ¿Era este niño alguien especial?

D. H., Tettnang, Alemania.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el ‘niño’ era Maitreya.)


Lejos de la multitud enloquecida

Estimado Editor,

Es febrero del 2005, voy camino a la Meditación de Transmisión en Londres, sola, en la planta baja del autobús, sentada bajo la pantalla de vídeo. Un hombre negro de unos sesenta y tantos años, con una gorra de béisbol y con bolsas de la compra en ambas manos, capta mi atención cuando sube. No puede encontrar su pase de viajes y bromea con el conductor. “¿Reconocería a un hombre honesto si vieses uno?” Él sonríe de forma cálida y despreocupada como si tuviera todo el tiempo del mundo. Al final, se sienta en el asiento del costado, frente a mí. Mi horóscopo aparece en la pantalla diciendo “nada y nadie pueden detenerme para alcanzar mi objetivo.” Pienso en Maitreya y si debo quedarme en Londres, encontrar un trabajo, o regresar a la Irlanda rural donde estoy casi sola meditando. Este hombre me mira apenas al rostro diciendo: “¿Qué estás pensando, niña?” Nos miramos profundamente uno al otro, sin palabras, ni pensamiento pero tanta paz. Él se levanta para marcharse después de sólo dos paradas. Mientras pasa: “Echa una buena mirada a tu alrededor, niña, a toda la locura, es demencial allí fuera.” Nuevamente estamos cara a cara. “Pero tú y yo, hermana, estamos fuera del manicomio.” Nuevamente, este intercambio expansivo. Él abandona el autobús, mientras arranca le veo lanzarme un gran beso. ¿Qué piensa? ¿Era Maitreya?

M. B., Sneem, Co. Kerry, Irlanda.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya.)


Un remiendo a tiempo

Estimado Editor,

El domingo 13 de noviembre del 2005, estaba a punto de impartir una charla y una presentación de diapositivas de milagros sobre el emerger en el Quaker Meeting House de Edimburgo, cuando un hombre de unos sesenta años se unió a la audiencia. Le ofrecí una taza de té justo antes de que comenzara el acto al anochecer, que él aceptó. Lo que era levemente inusual fue que cuando se sentó al comienzo de la charla, ¡inmediatamente sacó un par de agujas de tejer y lana y comenzó a tejer! (Yo pensé que era algo extraño y tuve que contenerme para no comenzar a reír.)

Él iba vestido de forma informal y lucía una camiseta roja. Tenía ojos pequeños y hundidos y parecía un poco encorvado y parecía de temperamento alegre.

Dado que sólo había cinco personas, invité a la audiencia a formular preguntas mientras progresaba la charla. Durante el transcurso de la misma, aunque parecía preocupado con la labor de punto, también escuchaba detenidamente la información y formuló muchas preguntas. Siempre era muy cortés y parecía como si sus preguntas hubiesen sido diseñadas para que yo clarificase o entrara en más detalles sobre lo que había dicho para poder comprenderse totalmente, de la forma más clara y sencilla posible, aspectos específicos de la historia del emerger. Sus preguntas eran siempre de una naturaleza curiosa y nunca fueron de carácter escéptico, dubitativo o negativo.

Después de la charla, él se presentó como Daniel y me mostró parte de patrón que había estado tejiendo –él lo denominó un ‘cuadrado amistoso’ y me preguntó si lo aceptaría como regalo. Él mostró otros ‘cuadrados amistosos’ a las personas de la audiencia. También hablamos un poco y me dijo que había tenido 13 operaciones cerebrales hacía muchos años y eso le había afectado la memoria. Lo encontré bastante asombroso, haberse sometido a tantas operaciones. En cierto momento durante la conversación, él repitió una pregunta porque no recordaba si ya me había formulado la misma pregunta antes. (Yo me preguntaba si él no formaba parte de un reflejo de mí dado que tengo mala memoria que podría mejorarse.) Él también preguntó sobre la Sociedad Teosófica y cómo llegar allí.

Creo recordar que se bebió un segundo té y se marchó llevándose consigo algunos de los folletos gratuitos sobre el emerger.

Dado que este encuentro fue algo inusual, ¿me pregunto si podría haberse tratado de un Maestro?

C. P., Edimburgo, Escocia.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el ‘tejedor’ era Maitreya.)

Cuadrado tejido por Maitreya


Sabiduría de acera

Estimado Editor,

El sábado 23 de julio del 2005, varios grupos de trabajadores y yo íbamos caminando por la avenida Telegraph en Berkeley, California, para ir a cenar después de asistir a la Conferencia sobre Activismo Espiritual. Pasamos al costado de un hombre sentado sobre una manta en la acera. Él llevaba ropa raída, tenía pelo largo gris y parecía muy débil. Pedía dinero. Yo me di la vuelta para darle algo de dinero. Cuando me miró, me sentí aturdida. Tenía un rostro muy bondadoso con una sonrisa dulce, pero también los más extraordinarios y penetrantes ojos azules y una mirada directa. Él me preguntó: “¿Piensas que eres una buena cristiana?” Musité algo en el sentido de que no me consideraba una cristiana pero que creía en las enseñanzas de Cristo, y creía en tratar a las personas al igual que me gustaría que me tratasen a mí. El hombre luego dijo: “Yo no creo en Pablo. Yo creo en Jesús. Pablo dijo: ‘Sólo por la fe te salvarás’. Pero Jesús dijo: ‘Si no alimentas a los pobres, vistes al desnudo, visitas a los que están en prisión, yo no te conozco’. Y Pablo incluso nunca conoció a Jesús.” ¿Era este hombre uno de los Maestros?

S. S., San Francisco, California, EEUU

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya.)




[REGRESO A LA HOME PAGE]