Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Septiembre 2005
Título: Cartas de Lectores sobre Experiencias de Maitreya y los Maestros

CARTAS AL EDITOR

Cuando se escriba a la sección de cartas de Share International, por favor indicar si desea que su nombre sea omitido. En ausencia de indicaciones los editores asumirán que el nombre puede publicarse. A menos que se pida lo contrario, algunas de estas cartas podrían ser reproducidas en nuestra página web. Allí sólo se utilizarán iniciales, ciudad y país.
Debido al espacio disponible, en esta sección sólo se publicará una selección de todas las cartas que se publican en la versión inglesa de la revista.
Debido al creciente número de cartas recibidas, podrían pasar meses hasta que una carta fuera publicada. Por favor abstenerse de enviar una misma carta más de una vez, puesto que puede causar retrasos y confusión.

Durante muchos años, algunos de los Maestros, en especial Maitreya y el Maestro Jesús, se han aparecido en las conferencias y Meditaciones de Transmisión de Benjamin Creme. Ellos también se aparecen, con diferentes disfraces, a un gran número de personas en todo el mundo. Algunas personas envían sus experiencias a la revista Share International. Si las experiencias son autentificadas por el Maestro de Benjamin Creme, las cartas son publicadas.
Estas experiencias son dadas para inspirar, guiar o enseñar, a menudo para curar e inspirar. Muy a menudo, también, llaman la atención, o comentan, de una forma divertida, alguna intolerancia fija, por ejemplo, fumar o beber. Muchas veces los Maestros actúan como “ángeles” salvadores en accidentes, durante tiempos de guerra, terremotos y otras catástrofes.
Ellos utilizan un ‘familiar’, una forma mental, que parece totalmente real, y a través de la cual los pensamientos del Maestro pueden expresarse: Ellos aparecen como un hombre, una mujer, un niño, a voluntad. Ocasionalmente Ellos utilizan el ‘patrón’ de una persona real, pero en la mayoría de las veces el ‘familiar’ es una creación completamente nueva. Las siguientes cartas son ejemplos de este tipo de comunicación de los Maestros.


¡El pueblo tiene el poder!

Estimado Editor,

El 12 de marzo de 2005 nuestro grupo local de Meditación de Transmisión organizó una sesión de vídeo pública de la conferencia de Benjamin Creme en Tokio del 2004. Después celebramos un debate y una sesión de preguntas y respuestas con varias personas que habían visto el vídeo. Durante el debate, un joven afroamericano entró, se sentó, y aunque no había visto el vídeo, casi de inmediato comenzó a tomar parte del debate. Se estaba abordando la escena política en EEUU, y alguien de la audiencia había sugerido un enfoque de menor confrontación y más de compromiso al tratar con la actual administración de EEUU. El joven afroamericano dijo que uno no debía comprometerse con el mal, que se le debía hacer frente directamente, que las personas no debían claudicar.

El debate continuó sobre una amplia gama de temas, y el afroamericano habló largo y tendido, y casi continuamente. Él indicó que aunque era de Nueva York, San Francisco era un centro único para los esfuerzos de paz y justicia en Estados Unidos. Dijo que aquellos que vivíamos aquí debíamos continuar e incrementar nuestro trabajo en este aspecto, convirtiéndonos en un ejemplo positivo para el mundo. Las manifestaciones y marchas por la paz eran también beneficiosas porque, dijo, muchas más personas las apoyaban de las que en realidad participaban en ellas, y las marchas y manifestaciones fijaban un tono positivo y alentaban a otras personas. Él también indicó que los esfuerzos públicos como el nuestro eran también beneficiosos y debían continuar, por la misma razón; y que nunca podíamos percibir todos los beneficios de las buenas acciones que realizamos, debido a que lo bueno se multiplica para siempre, de persona a persona, hasta el infinito. Él habló sobre una variedad de temas, y la sensación global transmitida fue una de una percepción y sabiduría inusuales. Hacia el final, el hombre sugirió que siguiéramos en contacto. Se apuntó a nuestra lista de envío, proporcionó su nombre (Kaliym Shabazz), dirección postal y de correo electrónico. Otro colaborador luego vio al hombre en la biblioteca en la planta superior, utilizando el ordenador. ¿Era este hombre alguien especial?

M. L., San Francisco, California, EEUU.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el joven afroamericano era Maitreya.)


Voz de sabiduría

Estimado Editor,

El 18 de junio de 2005 un programa de televisión sobre Live Aid en 1985 mostró una entrevista con un agricultor que tuvo que ir a los juzgados para obtener una licencia para mostrar en directo el concierto en una pantalla gigante en su terreno. Él se esperaba una negativa. Mientras estaba en el juzgado, se fijó en una anciana que entró y se sentó al final de la sala. Vestía de forma humilde con ropa de lana vieja y llevaba un gran bolso. Justo antes de que el tribunal emitiera su veredicto, la anciana se puso de pie, fue caminando hasta el frente de la sala y dijo al tribunal: “Hay persona muriendo ahora”. Dio palmadas al agricultor en su hombro en señal de apoyo y abandonó el edificio. La licencia fue otorgada de inmediato. ¿Era esta anciana alguien especial?

A. G., Lancaster, Lancashire, Reino Unido.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que la anciana era Maitreya.)


¡Compartir salvará al mundo!

Estimado Editor,

El viernes 15 de abril de 2005 dos miembros de nuestro grupo de Meditación de Transmisión y yo asistimos al acontecimiento Despertad a la justicia comercial en Londres. Habíamos reflexionado mucho sobre el lema de nuestra pancarta. Decía: “Compartir Salvará al Mundo”. Como otras miles de personas, hicimos cola durante muchísimo tiempo para entrar en la Abadía de Westminster. Cuando nos dimos cuenta que sencillamente éramos demasiados, desplegamos nuestra pancarta y nos unimos a la manifestación a lo largo de Whiteball hacia el sitio donde se celebraría la vigilia a medianoche.

No obstante, esta era la primera vez que hacíamos algo de esta naturaleza y, para ser honesta, nos sentimos muy cohibidas. Percibimos que nuestra pancarta era diferente de todo lo que había a nuestro alrededor que tenían lemas como “Haced de la Pobreza Historia”, “Haced Comercio Justo”. Recibimos miradas perplejas de la multitud de manifestantes cuando leían nuestra pancarta. Algunos se giraban hacia sus amigos y comenzaban a debatir si compartir realmente salvaría al mundo. Esto hubiera hecho que mereciera la pena pero los comentarios que oímos eran negativos, comenzando por afirmaciones como, “No necesariamente” Estaba decepcionada de tener que ponerme a la defensiva.

No obstante, seguimos la marcha y nos aseguramos de que nuestra pancarta apuntara al flujo de tráfico cuando al final nos tuvimos que detener al costado del camino dado que la Plaza del Parlamento estaba llena. Los transeúntes parecían interesados en lo que sucedía pero siendo viernes noche en el centro de Londres, no era realmente sorprendente que aquellos que se dirigían hacia los manifestantes lo hacían en tono de burla.

Entonces el tráfico aminoró y nos fijamos en un coche con varios ocupantes. El hombre en el asiento de acompañante se asomaba por la ventana leyendo en voz alta las pancartas. Cuando llegó a la nuestra, la leyó despacio para sí mismo “Compartir salvará al mundo”. Parecía que pensaba sobre ello.

Entonces, de repente, profirió gritando un enfático “¡Sí! ¡Sí!” Se emocionó mucho, se asomó aún más por la ventana del coche y, abriendo completamente sus brazos, los agitó y gritó extasiado, “¡Compartir SALVARÁ al mundo!” Le oímos decirlo en voz alta de la misma manera varias veces mientras su coche circulaba por la carretera. Cada vez que repetía el lema lo hacía con un fuerte y eufórico énfasis en “SALVARÁ”. No pudimos sino sonreir. Esto realmente nos animó durante el resto de la noche y nos preguntamos si pudo haber sido Maitreya o uno de los Maestros.

P. W., Milton Keynes, Bedfordshire, Reino Unido.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre del coche era Maitreya.)


Apoyo moral

Estimado Editor,

En Junio de 2004 participé en un stand del Grupo de Transmisión en el Festival de Mente, Cuerpo y Espíritu de Melbourne. Cuando llegué por la mañana me sentía edificada, expectante y alegre. Atravesé el enorme salón, pasando por muchas paradas dedicadas al aspecto cuerpo de Mente/Cuerpo/Espíritu, sintiéndome agradecida del conocimiento que había encontrado sobre Maitreya, feliz de estar en posición de poder transmitir esta información a otras personas.

Mientras transcurría el día, ese sentimiento fue desapareciendo gradualmente. Me sentía frustrada de que cuando las personas me preguntaban sobre nuestro stand, mis respuestas parecían torpes, cortadas, poco dadas a inspirar a alguien.

Alrededor de las 2 de la tarde llegó un hombre al stand. Tenía unos 30 y tantos, era bajo, robusto, de apariencia indonesia o malaya. Vestía tejanos, un gorro naranja, muchas joyas de plata, finas trenzas en su largo pelo negro, todo daba una sensación llamativa, con risa en sus ojos. Se dirigió a mí, preguntándome de qué tema era nuestro stand. Cada pregunta que contestaba le seguía otra. Él señaló a nuestras fotos y continuó interrogándome todo fue sobre ruedas. Llegó una pregunta de la que no estaba segura de poder contestar integramente, y dije algo como “no soy muy buena explicando esto”, a lo cual él respondió: “No, lo estás haciendo bien”. Me encontré riendo y respondiendo: “Eso es porque me formulas las preguntas correctas”.

En cierto momento comencé a sospechar de que era uno de los Maestros, poniéndome a prueba para alentarme. Charlamos durante unos 30 minutos, en los cuales le formulé muchas preguntas. No puedo recordar exactamente de lo que hablamos durante tanto rato respondió preguntas sobre la naturaleza de la existencia humana como alguien con un profundo conocimiento. Sentí que conocía mis pensamientos y trasfondo, como si fuera mi profesor, familiarizado con mi sendero y progreso, comprobando de vez en cuando que mantenía el ritmo, pero sabiendo dónde me encontraría en terreno familiar.

Él habló profundamente con otros miembros de nuestro grupo y permaneció con nosotros durante dos o tres horas. Fue edificante y satisfactorio. ¿Fuimos bendecidos con una visita de uno de los Maestros?

A. B., Mt Dandenong, Victoria, Australia.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el visitante del stand era Maitreya.)


Promesa

Estimado Editor,

En 1998, un amigo del oeste de Argentina me contó la siguiente historia:

“ Normalmente, una vez al mes viajo 170 km al norte desde la ciudad de San Juan para recoger un cargamento de troncos de lamo. A veces hago un rodeo por las montañas para visitar a una pareja de amigos, cabreros, que viven aislados en el campo en una casa humilde a la que sólo se puede acceder con un camión o un vehículo todoterreno conduciendo a través de un terreno desértico, dado que no existe ningún camino.

“Mi amigo me contó que hace algún tiempo, cuando estaba trabajando en el campo y cuidaba de su rebaño con su esposa, de pronto vieron a un hombre con barba y un bastón, vestido de blanco y acompañado por un perro pequeño, que se acercaba a ellos, caminando de forma tranquila. Su reacción fue de preocupación, dado que no habían oído el sonido de ningún vehículo desde esa dirección. Al otro lado sólo había un macizo montañoso. Su mujer se refugió en la casa mientras que él le preguntaba al extraño cómo había llegado allí, a lo cual respondió: Caminando. Era difícil de creer, dado que no había ninguna ciudad a menos de 100 km de ese perímetro desértico.

“Afortunadamente apareció un camión en el horizonte, de un amigo que de vez en cuando les trae cartas de sus hijos. Mi amigo se aprovechó de la ocasión y preguntó al hombre si podía llevar al extraño, dado que no se fiaban de este tipo de hombre surgido de la nada. Su bondadoso amigo le calmó y ofreció al hombre con el bastón y al pequeño perro llevarles hasta la ciudad más cercana, y él aceptó.

“Una semana después, el amigo del camión le preguntó a la pareja si el extraño había vuelto a su casa dado que, cuando iba conduciendo y hablando sobre la vida en el campo, en un instante giró la cabeza y el hombre, que estaba sentado justo a su lado, había desaparecido.

“Recapitulando, la pareja comprendió que se estaban enfrentando a algo muy inusual y se sintieron muy felices y calmados. Para su sorpresa, algunas semanas después el extraño reapareció, pero esta vez le invitaron a su casa, hecha de paja y adobe, y juntos compartieron la comida que tenían.

“Él les contó a la pareja cosas sobre su familia, sus hijos y el campo. Ellos no podían entender cómo él sabía todo eso, pero disfrutaban de su compañía. Cuando llegó el momento de marchar, caminando a través de las montañas, como él dijo, prometió que le volverían a ver allí.”

No es necesario añadir, que esta familia, que vive tan aislada, espera con anhelo, deseo y amor a su nuevo amigo que ellos perciben, es alguien especial. ¿Quién era el hombre de blanco con el perro pequeño?

D. G. G., San Juan, Argentina.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre de blanco con el perro pequeño era Maitreya.)




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