Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Abril 2005
Título: Cartas de Lectores sobre Experiencias de Maitreya y los Maestros

CARTAS AL EDITOR

Cuando se escriba a la sección de cartas de Share International, por favor indicar si desea que su nombre sea omitido. En ausencia de indicaciones los editores asumirán que el nombre puede publicarse. A menos que se pida lo contrario, algunas de estas cartas podrían ser reproducidas en nuestra página web. Allí sólo se utilizarán iniciales, ciudad y país.
Debido al espacio disponible, en esta sección sólo se publicará una selección de todas las cartas que se publican en la versión inglesa de la revista.
Debido al creciente número de cartas recibidas, podrían pasar meses hasta que una carta fuera publicada. Por favor abstenerse de enviar una misma carta más de una vez, puesto que puede causar retrasos y confusión.

Durante muchos años, algunos de los Maestros, en especial Maitreya y el Maestro Jesús, se han aparecido en las conferencias y Meditaciones de Transmisión de Benjamin Creme. Ellos también se aparecen, con diferentes disfraces, a un gran número de personas en todo el mundo. Algunas personas envían sus experiencias a la revista Share International. Si las experiencias son autentificadas por el Maestro de Benjamin Creme, las cartas son publicadas.
Estas experiencias son dadas para inspirar, guiar o enseñar, a menudo para curar e inspirar. Muy a menudo, también, llaman la atención, o comentan, de una forma divertida, alguna intolerancia fija, por ejemplo, fumar o beber. Muchas veces los Maestros actúan como “ángeles” salvadores en accidentes, durante tiempos de guerra, terremotos y otras catástrofes.
Ellos utilizan un ‘familiar’, una forma mental, que parece totalmente real, y a través de la cual los pensamientos del Maestro pueden expresarse: Ellos aparecen como un hombre, una mujer, un niño, a voluntad. Ocasionalmente Ellos utilizan el ‘patrón’ de una persona real, pero en la mayoría de las veces el ‘familiar’ es una creación completamente nueva. Las siguientes cartas son ejemplos de este tipo de comunicación de los Maestros.


Vestidas para la batalla

Estimado Editor,

En noviembre de 2004, volvía a casa en tren después de nuestra conferencia mensual sobre la Reaparición. Estaba totalmente sola en el vagón porque ya era de noche. Al cabo de unos minutos, dos jóvenes entraron en el tren. Llevaban cazadoras de cuero, botas con punteras metálicas, cadenas por todas partes, piercings, pulseras con púas, y toda la parafernalia de un estilo ‘heavy metal’. Su aspecto era tan marcial que no pude evitar sentirme inquieta cuando una de las jóvenes se sentó a mi lado, y la otra delante de mí. Sin embargo, cuando empezaron a hablar me di cuenta de que eran inofensivas.

Yo estaba leyendo un libro y tenía un montón de periódicos Emerger Mundial y de revistas Share Internacional sobre mi regazo. Unos diez minutos después, y de forma muy repentina, la chica que estaba a mi lado (tenía ojos y cabello negros azabache, y del cinturón le colgaba una pequeña navaja) preguntó mientras señalaba a la revista: “¿Puedo coger uno de estos libritos? “Claro”, le contesté, y también le di (y a la otra mujer) dos revistas más y otros materiales, que aceptaron con mucho entusiasmo.

Esto marcó el comienzo de una conversación muy larga (más de media hora) e interesante sobre los Maestros y la situación político-económica del mundo. Sus opiniones sobre temas de actualidad eran bien informadas y en absoluto superficiales, y cuando una de ellas dijo –literalmente– que “sin compartir no puede haber justicia”, algo resonó en mi interior. Les contesté que estaba de acuerdo con ellas, pero que también estaba convencida de que los cambios que está experimentando el mundo guardan relación con energías y sucesos de una naturaleza espiritual y “esotérica”. Y después se mencionaron los nombres de Maitreya y Benjamin Creme en el transcurso de la conversación. “¡Claro que sí! Ya hemos oído hablar de mister Creme”. “En realidad”, interrumpió la chica que tenía delante, “estamos muy interesadas en el campo de la curación. Ese es nuestro trabajo, pero ahora estamos currando en el campo educativo. ¡Tía, a veces nos preguntamos si la humanidad está aprendiendo algo!”

Había algo muy raro en ellas, aunque resultaba agradable, y tampoco me atreví a profundizar en sus “actividades educativas”. Además, el tren se estaba acercando a mi parada, de modo que me levanté para ponerme el abrigo e irme. La joven que estaba sentada a mi lado añadió: “La mayoría de la gente no nos toma en serio porque vamos vestidas así”. A lo que respondí: “Vestirse de esta forma provocativa puede ser una manera de decir que no estás de acuerdo con la sociedad. A mí me parece bien, pero ¡definitivamente no es mi estilo!” Las tres nos echamos a reír, y riendo nos despedimos. Cuando cruzaba la puerta para salir del tren, oí a la joven de ojos negros gritar rápidamente: “¡Estoy segura de que nos volveremos a ver, y qué te juegas que no será en este tren tan impuntual! (Excepcionalmente, el tren se había detenido mucho rato en una estación).

¿Eran estas dos mujeres personas normales y corrientes?

C. F., Barcelona, España.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que la ‘joven’ sentada junto a la autora era Maitreya, y que la ‘joven’ sentada delante era el Maestro Jesús).


Dos cartas de la misma persona:

Reina africana

Estimado Editor:

(1) El sábado 12 de febrero de 2005, a las 8.30 de la tarde, me dirigía a una parada de autobús después del trabajo. Era mi primer día de trabajo como enfermera después de una larga temporada sin trabajar, y estaba cansada, aunque tranquila porque el día había ido bien. Una mujer alta de color se acercó a mí y me preguntó dónde estaba el hotel White House. Le expliqué que estaba justo al lado de mi parada de autobús, de modo que caminamos juntas.

La mujer tenía un bello y fuerte rostro, parecía tener unos 35 años de edad, mucha energía, y una voz encantadora, como si quisiera expresar la exuberancia y la joie de vivre. Vestía un abrigo largo hasta las rodillas sobre una falta, zapatos de tacón alto, y llevaba una enorme flor en el ojal del abrigo. También hablaba con mucho acento, de modo que le pregunté de dónde venía. “Soy de Nigeria”, dijo. Yo le contesté que me encantaría viajar a África y ella contestó que algunos de sus gobiernos eran corruptos. Añadí que los gobiernos eran corruptos casi en todas partes, especialmente en Estados Unidos y en Reino Unido, y las dos nos echamos a reír.

Cuando llegamos a la parada de autobús, tuve la sensación de que esa mujer y yo éramos amigas de toda la vida, y hablamos del estado tan extraño en el que se encuentra el mundo. Le dije que la gente con empleo y dinero está muy estresada y no tiene una de las cosas más importantes de la vida –tiempo- y que la gente sin trabajo y sin dinero tenían todo el tiempo del mundo. Si pudiéramos compartirlos, todos tendríamos un equilibrio respecto a nuestras necesidades.

Empezó a describirme la vida en Nigeria y me habló sobre la familia de un conocido: tenían un coche viejo inglés que siempre se estropeaba. El marido trabajaba tanto para que los hijos fueran a la escuela que llegaba muy tarde a casa y nunca los veía. La madre tenía que llevar a los niños andando hasta el colegio, que estaba a unos cuántos kilómetros de distancia. Mientras me lo contaba, parecía tan real que me dio la impresión que yo estaba allí y pasaba por lo mismo.

Me dijo que sin dinero no puedes planificar tu vida y que todo el mundo debería poder planificarla. Esto le llegó porque hacía poco que había pasado una mala situación económica y no pude hacer planes.

Me explicó que muchos de sus parientes confían en que ella les envíe dinero para sobrevivir. Ella se rió y dijo que a veces exageran respecto a sus necesidades: que al pedirles ayuda, a veces son deshonestos. Ella me explicó que lo mismo ocurre con los gobiernos africanos: exageran sus necesidades y eso corrompe la relación con los gobiernos occidentales. Sin equidad y justicia, siempre habrá corrupción por ambas partes: la corrupción está en todas partes, y tenemos que acabar con ella”, comentó. Luego reveló un antiguo refrán africano: “El hombre rico no puede dormir por el ruido que hace el estómago del hombre pobre”.

Nos dimos un apretón de manos y nos despedimos, y nos dijimos nuestros nombres: ella se llamaba Kebi. Me senté en el autobús sintiéndome a gusto, reflexionando lo importante que es para las personas ser capaces de planificar su futuro.

¿Era esa mujer que conocí Maitreya?

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que la ‘mujer nigeriana’ era Maitreya)

Llamada al deber

(2)A principios de esa semana asistí a una jornada de instrucciones para los nuevos empleados del hospital. Me uní a la multitud de personas esperando en la parada de autobús, todas envueltas en sus bufandas y sombreros de lana porque era una mañana fría de lunes a las 8.30 de la mañana. Una actitud triste de “qué estamos haciendo aquí” impregnaba el ambiente. De entre la multitud observé a una madre rubia que empujaba a una niña reacia a avanzar hacia mí. La niña tendría unos cinco años y llevaba trenzas, un impermeable, y una cartera escolar. Tenía un rostro muy extraño, porque se parecía más a una adulta que a una niña. Al pasar junto a mí nos sentimos conectadas por una empatía mutua. Ella levantó su mano, no a modo de saludo, sino como si se tratara de un gesto de apoyo, y me miró como si quisiera decir: “¡Bueno, será mejor que sigas con esto!” Yo me quedé muy sorprendida y conmovida. Empecé a pensar en la carga de trabajo peor que el mío que tantas personas tienen que soportar, ¡y también recordé los problemas que tuvo mi madre para llevarme a mi primer día de colegio!

¿Eran esa madre y la niña maestros?

Gill Fry, Londres, Reino Unido.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que la ‘mujer’ era el Maestro Jesús, y que la ‘niña’ era Maitreya)




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