Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Junio 2003
Título: Cartas de Lectores sobre Experiencias de Maitreya y los Maestros

CARTAS AL EDITOR -- JUNIO 2003

Cuando se escriba a la sección de cartas de Share International, por favor indicar si desea que su nombre sea omitido. En ausencia de indicaciones los editores asumirán que el nombre puede publicarse. A menos que se pida lo contrario, algunas de estas cartas podrían ser reproducidas en nuestra página web. Allí sólo se utilizarán iniciales, ciudad y país.
Debido al espacio disponible, en esta sección sólo se publicará una selección de todas las cartas que se publican en la versión inglesa de la revista.
Debido al creciente número de cartas recibidas, podrían pasar meses hasta que una carta fuera publicada. Por favor abstenerse de enviar una misma carta más de una vez, puesto que puede causar retrasos y confusión.

Durante muchos años, algunos de los Maestros, en especial Maitreya y el Maestro Jesús, se han aparecido en las conferencias y Meditaciones de Transmisión de Benjamin Creme. Ellos también se aparecen, con diferentes disfraces, a un gran número de personas en todo el mundo. Algunas personas envían sus experiencias a la revista Share International. Si las experiencias son autentificadas por el Maestro de Benjamin Creme, las cartas son publicadas.
Estas experiencias son dadas para inspirar, guiar o enseñar, a menudo para curar e inspirar. Muy a menudo, también, llaman la atención, o comentan, de una forma divertida, alguna intolerancia fija, por ejemplo, fumar o beber. Muchas veces los Maestros actúan como “ángeles” salvadores en accidentes, durante tiempos de guerra, terremotos y otras catástrofes.
Ellos utilizan un ‘familiar’, una forma mental, que parece totalmente real, y a través de la cual los pensamientos del Maestro pueden expresarse: Ellos aparecen como un hombre, una mujer, un niño, a voluntad. Ocasionalmente Ellos utilizan el ‘patrón’ de una persona real, pero en la mayoría de las veces el ‘familiar’ es una creación completamente nueva. Las siguientes cartas son ejemplos de este tipo de comunicación de los Maestros.


Regalo de cumpleaños

Estimado Editor,

El 23 de abril de 2003 era la noche antes de mi 30 cumpleaños, así que decidí permitirme ir en taxi a la Meditación de Transmisión. Cuando subí al taxi, que olía a pescado (luego vi que el conductor estaba comiendo una pasta), el conductor muy alegremente dijo “¿Cómo estás?” “Bien, gracias, ¿cómo estás tú?” “No puedo quejarme” dijo. Le expliqué dónde ir, utilizando mis manos. Él rió, copiando mis movimientos, y dijo: “¡Me gusta tu estilo!” Yo resalté que era una bella noche y volvió a decir: “No puedo quejarme”.

Me preguntó si había tenido un día bonito y, después de mirar un coche con cepo, comenzamos a hablar sobre el coste de conducir, las restricciones de aparcamiento, y los gastos que tenía un conductor de taxi. Le dije que debía ser duro porque uno nunca sabía cuánto ganaría cada día. Él contestó que algunas veces tenía muchos clientes, pero normalmente para recaudar suficiente dinero “uno tenía que invertir horas”. Le pregunté si tenía que permanecer sentado mucho (esperando clientes) y contestó: “Sí pero Yo utilizo mi tiempo. Leo cosas que beneficiarán al mundo. Es muy importante leer cosas que beneficiarán al mundo”. Le pregunté qué tipo de cosas leía y él respondió: “Leo sobre medicina alternativa”. Le dije que yo utilizaba homeopatía; me preguntó por qué, y se lo dije, finalizando con “y también, funciona”. Dijo algo como (si le oí correctamente) “¡Cuando las personas dicen que no funciona yo les digo que prueben con alcohol! …para probar la alternativa”. Hablamos más sobre medicina alternativa, y luego abordamos el tema de gobiernos y compañías farmacéuticas y cómo ocultaban los beneficios de las medicinas alternativas para fomentar los medicamentos, y no obstante no proporcionan de forma barata medicamentos muy necesarios a países pobres. Hablamos sobre Sudáfrica y el SIDA, y él mencionó a Nelson Mandela, comparándole con el actual presidente en referencia a sus políticas sobre el SIDA.

Le pregunté de dónde venía. “Nigeria”, dijo. “Oh, justo hablaban sobre Nigeria en la radio”. “¡Ah, conoces sobre mi país!” dijo, sonriendo. “Un poco, no mucho” le respondí. Le dije que en las noticias habían dicho que se habían celebrado elecciones allí pero que no habían sido una elecciones libres. “¿Dónde en el mundo hay elecciones libres?” dijo el taxista. “¡Verdad!” le respondí enérgicamente y él rió.

De alguna forma abordamos el tema del conocimiento. Él dijo: “Tienes que utilizar tu conocimiento. No es bueno tener conocimiento si no lo utilizas”. Él dijo que era como dar una libra a alguien en la calle que lo pedía, Si le das el dinero, todavía lo posees, porque no esperas nada a cambio, y ambos os sentís mucho más ligeros. Es más importante que dar 100 libras si no esperas nada a cambio. Dijo que dar esa libra significaba que la poseías más que si tuvieras miles de libras en el banco, que, según él, de todas maneras no las poseías realmente, y te verías forzado a utilizarlas en cosas en las que no deseabas gastarlas. Comentó que era lo mismo con el conocimiento y continuó hablando sobre ello. Pienso que habló sobre dar conocimiento sin predicar, sin esperar nada a cambio. En cierto momento, después de una pausa por su parte, todo lo que pude pensar en decir fue “Sí”. Él me sonrió y dijo “Es mucho para absorberlo”. Le formulé otra pregunta y continuamos conversando. Le pregunté algo sobre cuándo debíamos compartir nuestro conocimiento. “No esperas para alimentar (o enseñar) a un niño hasta que haya crecido”. Hablamos sobre cómo das pequeños trozos de conocimiento a medida que los aprendes y que a veces sabes algo sin darte cuenta de ello, luego le añades a esto más tarde y lo consolidas con el conocimiento anterior. Él lo comparó con las relaciones, y lo que sabemos y sentimos sobre la gente, pero yo le estaba indicando el camino al mismo tiempo y debo confesar que no capté del todo lo que dijo sobre esto.

Entonces llegamos. Durante la conversación, él me miró intensa y seriamente a través del espejo, exceptuando cuando bromeaba y reía. Tenía un fuerte acento africano, era un hombre negro fornido con una gran cabeza calva. Después de pagarle, le dije: “Ha sido una conversación muy interesante”. Él sonrió y dijo alegremente “¡Te recogeré la próxima vez!” ¿Era este hombre Maitreya?

T. C., Londres, Reino Unido.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el ‘conductor’ era Maitreya.)


Dos cartas de la misma persona:

Bien leído

Estimado Editor,

Estaba en el puesto de libros en la conferencia de Benjamin Creme en Friend's House el 10 de abril de 2003. Durante un periodo de calma me fijé en un joven de pelo rubio que se acercó y se colocó delante mío.

No parecía estar absorto leyendo así que decidí saludarle. Le pregunté si ya tenía alguno de los libros y él dijo que sí pero que los tenía en alemán porqué venía de Berlín. Le dije “Oh, bien…” y él continuó, “ahora puedo leerlos en inglés”. Reímos por la idea y continuamos hablando. Él dijo que estaba visitando el Reino Unido por unos pocos días con algunos amigos, le hablé de las muchas apariciones en Alemania de Maitreya como Egon. Él dijo que había visto a Maitreya en una manifestación contra la guerra en Berlín. Supuse que había obtenido la confirmación de su experiencia por Benjamin Creme pero él dijo que no lo necesitaba ya que sabía que era Maitreya.

Hablamos sobre la revista, Share International. Le pregunté si la conocía y dijo que sí, pero sólo la versión alemana. Le invité a que ojeara las revistas que estaban expuestas si lo deseaba. Abandonó el puesto de libros, aparentemente para ello. Más tarde le vi mirando la exposición de carteles. Vi a un hombre parecido sentado para la conferencia con un grupo de personas. A pesar de pensamientos tempranos, esto me indicaba que no era Maitreya. ¿O lo era?

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el ‘joven’ era Maitreya.)

Llevar el paso

(2) Asistí a la manifestación contra la guerra de Londres el 12 de abril con dos personas de mi grupo de meditación. A mitad de camino de la marcha, mi atención se fijó en un hombre que se colocó frente a mí. Parecía asiático y llevaba ropa y botas de trabajo. El efecto me pareció extraño. Se quedó cerca de nosotros unos 15 minutos, supongo. A veces se quedaba rezagado y luego volvía a estar con nosotros. Bromeé con mis compañeros sobre su posible identidad.

En cierto momento miré a mi compañera Suzanne que estaba al final de la fila. Llevaba una bella pancarta casera con las palabras “El mundo pertenece a todos” por un lado, y “La ONU a Irak ahora” por el otro lado. El hombre asiático caminaba bajo su pancarta y de perfil parecían decididos y serios, y de alguna manera moviéndose.

Lo siguiente que supe es que estaba caminando a mi lado y llevando el paso conmigo. Pronto se adentró en la multitud delante nuestro y supe que finalmente nos había abandonado. ¿Se trataba simplemente de uno de los muchos manifestantes centrados?

S. M., Londres, Reino Unido.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el ‘hombre asiático’ era Maitreya.)


Rostros familiares

Estimado Editor,

Por la tarde del sábado 5 de octubre de 2002 iba caminando por Lübeck con mi amiga Connie. Lübek es una bella ciudad medieval, famosa mundialmente por su mazapán y siempre llena de turistas. Y en efecto, después de unos pocos pasos se nos acercó una pareja amigable. No obstante, sufrí una leve conmoción y mi corazón se detuvo un instante en el momento en que pude verles. El hombre frente a mí se parecía a Benjamin Creme. Él nos preguntó si sabíamos dónde podían comprar mazapán.

Connie, que era de allí, les explicó dónde podían comprar el mejor mazapán de la ciudad, en un sitio llamado Niederegger. Mientras tanto, yo empezaba a tener la impresión de que el hombre –cuya voz era exactamente igual a la del Sr. Creme– intentaba centrarse en mí, lo que atraía mi atención. Una gran calma pareció transferirse de él hasta mí, lo que me ayudó a centrarme y relajarme, y sentí una energía que reconocí por haber estado cerca del Sr. Creme en Londres. Al mismo tiempo, una sensación de calor y curación se extendió por mi cuerpo, por lo que estuve muy agradecida. Mi padre había fallecido bastante inesperadamente el día anterior, y yo me sentí abatida y estremecida de frío.

Cuando Connie explicó que Niederegger también tenía un café, la mujer le dijo a su marido con una voz amable: “¡Oh, quizás podríamos ir allí y tomar un café realmente bueno!” Entonces nos despedimos y seguimos nuestro camino. La mujer era algo más joven que el hombre, un poco más alta y vestía atractivamente. En retrospectiva comprendo de quién se trataba –el aspecto que tenían, la forma que actuaron y se relacionaron. Él era claramente el líder: el Sr. y la Sra. Creme.

Estaría muy agradecida si podría arrojar algo de luz sobre esta experiencia.

B. L., Bad Malente, Alemania.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya, y la mujer el Maestro Jesús.)




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