Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Mayo 1998
Título: Único es el momento
Autor: por el Maestro —, a través de Benjamin Creme


Único es el momento

Por el Maestro —, a través de Benjamin Creme

Para muchos actualmente existen todas las señales de que el mundo se mueve precipitadamente a la destrucción. En cada lugar ven sus iconos caer, sus esperanzas desvanecerse, su futuro amenazado. Perdidos y descon-certados, buscan socorro, incapaces de resistir el impacto de lo nuevo. Pocas son las señales, ellos creen, de que lo bueno puede venir del presente ritmo de cambio, tampoco, pueden esperar, beneficiarse de ello. Encerrados así en temor, el futuro para ellos se presenta realmente desolador.

Aspiraciones

Cuán equivocados están, si sólo supieran. Cuán alejado de la verdad es su concepto del futuro.

Si sólo pudieran captar un vislumbre de las maravillas que les esperan, sus temores se convertirían en una alegre expectación, sus corazones brillarían con el fuego de las aspiraciones cumplidas.

Maravillosas son las posibilidades que demandan la atención de los hombres; único es el momento para la ampliación de la conciencia del hombre: un momento como ningún otro en la historia del mundo. ¿Por qué deben los hombres temer tal perspectiva?

Infundado

Cuando Maitreya y Su Grupo emerjan, los hombres comprenderán que sus temores eran infundados, que nada sino lo bueno aguarda a los hijos de los hombres, alentados en fe y coraje por la presencia de los Hijos de Dios. Así será, y así los hombres despertarán a las posibilidades que el futuro presenta de elevarse en estatura y alcance; de llevar a cabo su papel predestinado como los Guardianes y Alimentadores de los reinos inferiores; de aprovechar las fuerzas del universo y de utilizarlas para el bien de todos.

Nada sino el mismo hombre puede evitar el cumplimiento de su destino.

Cuando los hombres estén preparados para aceptar el principio de compartir todo será posible. Los lazos de confianza y respeto así engendrados liberarán colosales olas de energía que, focalizadas y controladas, transformarán el mundo. Nada entonces podrá detener la marcha adelante y el progreso del hombre. Nada entonces podrá intimidar el espíritu ardiente del hombre despierto. Exigiendo su derecho de nacimiento el hombre se convertirá en Dios.

La presencia de los Hijos de Dios es la garantía de que el hombre realmente heredará su derecho de nacimiento, y ocupará su lugar junto a sus Hermanos Mayores – cuidando y alentando, enseñando y aconsejando, revelando e inspirando, a aquellos que vienen detrás.

El Hombre se encuentra en el umbral de grandes cosas. Nada puede impedirle o limitarle si sigue el ejemplo de sus Hermanos – y si así lo quiere.




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