Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Junio 1998
Título: Cartas de Lectores sobre Experiencias de Maitreya y los Maestros

CARTAS AL EDITOR -- JUNIO 1998

Cuando se escriba a la sección de cartas de Share International, por favor indicar si desea que su nombre sea omitido. En ausencia de indicaciones los editores asumirán que el nombre puede publicarse. A menos que se pida lo contrario, algunas de estas cartas podrían ser reproducidas en nuestra página web. Allí sólo se utilizarán iniciales, ciudad y país.
Debido al espacio disponible, en esta sección sólo se publicará una selección de todas las cartas que se publican en la versión inglesa de la revista.
Debido al creciente número de cartas recibidas, podrían pasar meses hasta que una carta fuera publicada. Por favor abstenerse de enviar una misma carta más de una vez, puesto que puede causar retrasos y confusión.

Durante muchos años, algunos de los Maestros, en especial Maitreya y el Maestro Jesús, se han aparecido en las conferencias y Meditaciones de Transmisión de Benjamin Creme. Ellos también se aparecen, con diferentes disfraces, a un gran número de personas en todo el mundo. Algunas personas envían sus experiencias a la revista Share International. Si las experiencias son autentificadas por el Maestro de Benjamin Creme, las cartas son publicadas.
Estas experiencias son dadas para inspirar, guiar o enseñar, a menudo para curar e inspirar. Muy a menudo, también, llaman la atención, o comentan, de una forma divertida, alguna intolerancia fija, por ejemplo, fumar o beber. Muchas veces los Maestros actúan como “ángeles” salvadores en accidentes, durante tiempos de guerra, terremotos y otras catástrofes.
Ellos utilizan un ‘familiar’, una forma mental, que parece totalmente real, y a través de la cual los pensamientos del Maestro pueden expresarse: Ellos aparecen como un hombre, una mujer, un niño, a voluntad. Ocasionalmente Ellos utilizan el ‘patrón’ de una persona real, pero en la mayoría de las veces el ‘familiar’ es una creación completamente nueva. Las siguientes cartas son ejemplos de este tipo de comunicación de los Maestros.


Inspiración

(Las siguientes seis cartas son de la misma lectora.)

Estimados Editores,

(1) Mi marido y yo vivíamos cerca de un maravilloso camino de bicicleta a lo largo de las aguas de la bahía de San Francisco. Paseábamos por ahí, a veces cada día, pero por lo menos varias veces a la semana. A menudo nos cruzábamos con las mismas personas, y nos saludábamos con un gesto de la cabeza o nos decíamos hola. Había una mujer que sólo vimos unas pocas veces, no más, que nos causó un efecto tan profundo a los dos que aún a veces hablamos de ella en nuestros paseos por nuestro nuevo vecindario, a pesar de que ya han pasado años desde que la vimos por primera vez. Era bastante joven, aproximadamente de un metro sesenta o setenta de estatura, morena, con un aire un tanto filipino (aunque no pudimos nunca ponernos de acuerdo sobre su nacionalidad). Cuando ella pasaba, simplemente brillaba como si estuviera encendida desde el interior. No era tanto su sonrisa como el hecho de que irradiara alegría, claridad, amor, fe, verdad, ánimo... cada vez que pasaba cerca nuestro comentábamos el efecto que ella nos causaba, y qué regalo tan generoso puede ser un porte tan encantador, cómo el ser sólo tan feliz puede resultar tan inspirador y edificante para otras personas. Sabemos que era alguien especial, ¿pero era un Maestro?

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que "la joven" era Maitreya.)

Buen Karma

(2) Conducía sola hacia las Sierras en mi pequeño vehículo Karmann Ghia para acampar. Ya que era luna llena y llegaría al lugar de acampada de noche, proyecté ir a pie hasta el camping a la luz de la luna. Mi brújula estaba en el suelo del coche, casi debajo del asiento, y empecé a buscarla para poder calcular el ángulo de la luna, cuando giré bruscamente el volante y salí despedida de mi carril. Conducía demasiado rápido y mi coche dio varias vueltas de campana acabando boca abajo en el carril del sentido contrario. Totalmente inmovilizada bajo el coche, incapaz de salir, permanecí ahí, asombrada de que la radio todavía funcionara y se escuchara una tonta canción, y de que la policía y la ambulancia todavía no hubieran llegado. Me di cuenta de que estos podían ser mis últimos pensamientos, que con toda seguridad el tráfico se lanzaría sobre mí en cualquier momento. Pero de alguna forma me encontraba tan tranquila y en calma, incluso un poco eufórica. Probablemente en un estado de shock, pensé. Después de un rato que me pareció horas, mientras escuchaba a los coches pasar y parar en seco, alguien gritó "¿están muertos?" Consiguieron sacarme del coche y me llevaron acostada dentro de un vehículo hasta una gasolinera donde el coche fue remolcado. Cuando vi el coche, entendí porqué todo el mundo se quedó pasmado al verme salir de él. La parte superior estaba totalmente hundida hasta el asiento del conductor y el volante. De algún modo, yo había ido a parar al espacio que queda a los pies del asiento del acompañante, donde me quedé acurrucada como en una pequeña pelota. Si saben como es un Karmann Ghia, sabrán que esto es imposible. Hice algunos chistes malos sobre mi "Karma" Ghia, pero siempre me he preguntado si estuve protegida durante el accidente o si simplemente fue una suerte que sobreviviera.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que Él fue responsable de salvar a la conductora.)

Salvada después

(3) Cuando estaba en Guatemala, oí hablar de un hombre indio que ayudaba a los habitantes del lugar con sus problemas. Pensé que quizás me podría ayudar a resolver mi siguiente paso a tomar, así que contacté con su colaborador para ver qué pensaba. Él sugirió que hiciéramos un ritual llamado 'costumbre'. Parecía que esa era su forma de preguntar a sus contactos en el mundo invisible sobre lo que yo debía hacer. Incluso si no lograba ninguna información, Juan dijo que sería bueno hacerlo para asegurarse la buena fortuna. Iba a encontrarme con él a mitad de camino de una de las caras de una montaña, en una cueva. Anduve a lo largo de un camino que me llevó hasta más allá de la cueva y luego descendí hasta la cueva por una ruta más estrecha. Cuando entré en la cueva, estaba llena de ramas de pino y el ambiente cargado de incienso. Juan empezó a cantar y a agitar el incienso. No estaba segura de si iba en serio, o si se estaba aprovechando de mí. Pero me cobró tan poco dinero, que no tenía sentido. La ceremonia duró un rato, y me temo que me puse un poco cínica. Luego él anunció que se había acabado, y que tenía que quedarse más tiempo para limpiar. Él se pondría en contacto conmigo después, supuse que para decirme lo que sabía. Quizás se trataba de la barrera lingüística, pero pensé que había perdido mi tiempo. Le dejé dentro de la cueva, limpiando todas las ramas de pino.

Pensé que me libraría de mis frustraciones corriendo hacia arriba de la ladera de la montaña. Así que corrí tan rápido como pude. Cuando llegué al lugar donde la ruta estrecha se unía al camino, Juan estaba de forma casual recostado a un árbol, tranquilo, calmado, relajado, durmiendo bajo su sombrero. Yo tenía veintipocos años, muy delgada – y él me pareció un hombre viejo con arrugas, aunque me había ganado. Me saludó con una amplia sonrisa y me dijo que necesitábamos tener otra costumbre, que él había visto algunas cosas desagradables. Me quedé tan sorprendida por su presencia ahí, que le dije que sí.

La noche siguiente que nos vimos, aunque no recuerdo los particulares, dijo que yo me pondría muy enferma y que me enviarían a EEUU. Mi avión estaría a punto de estrellarse. Pero la costumbre mitigaría los efectos y todo estaría bien. Esa misma noche, después del encuentro con él, me senté junto al lago y miré las estrellas. Escuché que cantaban: cada estrella parecía estar emitiendo su propio tono. Tuve la sensación de estar protegida.

Al cabo de poco tiempo me fui de Guatemala y viajé más hacia el sur, y sucedieron las cosas tal como él había predicho. De alguna forma, sobreviví a una horrible serie de acontecimientos que con toda seguridad habrían acabado conmigo si no hubiera sido salvada en el último momento coincidencia tras coincidencia.

¿Podría decirme si Juan era un ángel guardián o tan sólo un embustero? ¿Fui protegida durante este tiempo?

(El Maestro de Benjamin Creme afirma ser el responsable de los diversos actos de 'rescate'.)

Gopher

(4) Antes de la creación de nuestras páginas en Internet, en el año 1994, estaba dándole vueltas a la cabeza sobre la mejor forma de exponer nuestra información de la Reaparición en formato electrónico. Invertí mucho tiempo frustrante explorando los diversos métodos que estaban disponibles en esos momentos. ¡Eso era antes de que se inventara el web!

Había pensado que la mejor forma era crear un sitio ftp, aunque eso parecía trabajoso y no muy fácil de utilizar. No se me ocurría nada. Me fui a hacer otras cosas y cuando regresé de nuevo a mi ordenador me di cuenta de que en la pantalla había un documento que explicaba lo que era un sitio "gopher". Lo leí entero y me entusiasmé al darme cuenta de que eso era lo que estaba buscando. Al cabo de poco tiempo, empezamos a crear nuestro primer sitio en Internet.

A menudo me he preguntado cómo llegó a aparecer ese documento en mi pantalla. No recuerdo haber hecho algo para llamarlo. ¿Fue tan solo una coincidencia?

(No. El Maestro de Benjamin Creme se adjudica el mérito.)

Fingirse enferma

(5) Hace unos años me sometí a unas operaciones en mis pies. Después de la primera operación me enviaron a casa tras ponerme una escayola, y el médico me recetó unos analgésicos y me dijo que los tomara a intervalos regulares. El medicamento me hacía sentir muy mal, tenía muchas náuseas, así que después de un día dejé de tomarlos. Por supuesto no sentía ningún dolor porque las pastillas aún hacían efecto. Eran tan potentes, que no cesaron su efecto hasta la 1 o las 2 de la madrugada. Cuando este cesó del todo, yo tenía un dolor insufrible. Tomé las pastillas, pero no hacían efecto. Gritaba de dolor. Tomé más pastillas y esperé, pero sin efecto alguno. Finalmente, llamé a urgencias y me dijeron que enviarían una ambulancia, ya que algo debió ir mal con mis pie. El dolor parecía ir a peor. Empecé a llamar a gritos a Maitreya. Parecía una forma muy poco educada de decir Su nombre, así que empecé a llamarle a gritos en silencio, intentando mantener mi atención en el ajna. Me pareció que, justo cuando silenciosamente hube llamado su nombre, la puerta se abrió mientras los hombres de la ambulancia intentaban meterme dentro con una camilla. La idea aún me causó mayor pavor, ya que no podía soportar que alguien se acercara a mis pies, así que empecé a gritar otra vez. De alguna forma consiguieron sacarme por la puerta, hasta la ambulancia, mientras yo gritaba del terrible dolor.

¡Pero!: justo en el instante en que me entraron en la ambulancia, ¡el dolor me iba desapareciendo! ¡Me sentía la mar de bien! Apenas podía contenerme – ¡me moría de ganas de reír en voz alta! Me reía de la broma que estaba resultando todo esto, aunque no podía decírselo a los de la ambulancia. ¡Qué embarazoso estar curada ahora! ¡Estaba tan feliz! No dije nada, mantuve mis ojos cerrados e intenté no reír demasiado alto. Cuando llegamos al hospital, pensaron que debí ingerir demasiados analgésicos y demasiado rápido y que sería necesario hacerme una limpieza de estómago. Pero yo no sentía náuseas en absoluto y sabía que los analgésicos no eran los que me había quitado el dolor. Los médicos me miraban por una pequeña ventanilla preguntándose qué hacer conmigo.

Resolvieron examinar mi pie y sacarme la escayola con una pequeña sierra eléctrica. Estoy segura de que esperaban un griterío por mi parte cuando el yeso se soltara, pero ni siquiera sollocé. Todo estaba bien con mi pie así que lo volvieron a escayolar, me enviaron a casa con una nueva variedad de pastillas, y yo prometí ser una buena chica y tomarlas.

¿Puede ser que mi dolor desapareciera, no por el efecto de las pastillas, sino por Maitreya?

(El Maestro de Benjamin Creme acepta toda la responsabilidad.)

Bendecida

(6) Tuve un resfriado que en seguida se convirtió en algo peor. Mi compañera de habitación me llevó a urgencias, donde me pusieron en cuidados intensivos. Permanecí en esa unidad durante 10 días, luchando para sobrevivir. Avisaron a mi familia, y se dudaba de si iba a sobrevivir o no.

Yo me encontraba en otro mundo: debido o a la medicación o a la neumonía en sí, me encontraba en un estado de alucinación-pesadilla-sueño. Sentí que estaba siendo retenida en contra de mi voluntad y torturada (mi terapia implicaba ser golpeada en la espalda y pecho a intervalos regulares durante todo el día), y debido a los varios tubos y todo lo demás, no podía hablar para pedir a mi familia que me ayudaran. Estaba demasiado débil como para escribir una nota. Pasé 10 días en ese horrible estado. Durante un momento, tuve la experiencia que muchos han tenido, de correr hacia la luz con una gran sensación de alivio, felicidad y alegría, para ser detenida a medio camino por un triste "conocimiento" de que tienes que volver.

Después de que saliera de cuidados intensivos, me encontraba en un estado de lo más exaltado. Me sentía como un Buddha. Sentí que sabía y comprendía todo. No era euforia, era una sensación tranquila de integridad y plenitud. Era rica, maravillosa, divina – pero caramba, gradualmente se desvaneció. ¿Fue esta una experiencia de mi alma? ¿Es posible que algún día este estado sea una realidad diaria – es así lo que será vivir como alma?

W. S., Berkeley, CA, EEUU

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que Él la salvó y dio la bendición.)


Encuentro provechoso

Estimados Editores,

A finales de 1997 yo me encontraba en París (Francia) experimentando los peores momentos de mi vida, muy desestabilizado después de una desilusión total sobre mí mismo. Era algo que no habría podido imaginar un mes antes. En el día que creía que iba a ser mi último día, conocí, en un restaurante, a un hombre muy especial que pareció saberlo todo de mí. Esta conversación salvó mi vida. ¿Quién era ese hombre?

M. P. C., Chambly, Quebec, Canadá.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el "hombre muy especial" era Maitreya.)




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