Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Noviembre 1997
Título: Cartas de Lectores sobre Experiencias de Maitreya y los Maestros

CARTAS AL EDITOR -- NOVIEMBRE 1997

Cuando se escriba a la sección de cartas de Share International, por favor indicar si desea que su nombre sea omitido. En ausencia de indicaciones los editores asumirán que el nombre puede publicarse. A menos que se pida lo contrario, algunas de estas cartas podrían ser reproducidas en nuestra página web. Allí sólo se utilizarán iniciales, ciudad y país.
Debido al espacio disponible, en esta sección sólo se publicará una selección de todas las cartas que se publican en la versión inglesa de la revista.
Debido al creciente número de cartas recibidas, podrían pasar meses hasta que una carta fuera publicada. Por favor abstenerse de enviar una misma carta más de una vez, puesto que puede causar retrasos y confusión.

Durante muchos años, algunos de los Maestros, en especial Maitreya y el Maestro Jesús, se han aparecido en las conferencias y Meditaciones de Transmisión de Benjamin Creme. Ellos también se aparecen, con diferentes disfraces, a un gran número de personas en todo el mundo. Algunas personas envían sus experiencias a la revista Share International. Si las experiencias son autentificadas por el Maestro de Benjamin Creme, las cartas son publicadas.
Estas experiencias son dadas para inspirar, guiar o enseñar, a menudo para curar e inspirar. Muy a menudo, también, llaman la atención, o comentan, de una forma divertida, alguna intolerancia fija, por ejemplo, fumar o beber. Muchas veces los Maestros actúan como “ángeles” salvadores en accidentes, durante tiempos de guerra, terremotos y otras catástrofes.
Ellos utilizan un ‘familiar’, una forma mental, que parece totalmente real, y a través de la cual los pensamientos del Maestro pueden expresarse: Ellos aparecen como un hombre, una mujer, un niño, a voluntad. Ocasionalmente Ellos utilizan el ‘patrón’ de una persona real, pero en la mayoría de las veces el ‘familiar’ es una creación completamente nueva. Las siguientes cartas son ejemplos de este tipo de comunicación de los Maestros.


Sanar al Sanador

Estimados Editores,

El 30 de abril de 1997, durante unas vacaciones en el extranjero, subí en el coche a una mujer que hacía autostop, en un lugar totalmente inhóspito de la parte volcánica de la zona. Era una mujer de mediana edad, vestida un poco descuidadamente, que se sentó junto a mí con un movimiento enérgico.

Durante el camino intenté ser educado y ameno. Su evidente estado continuo de actitud vigilante me sorprendió. En mi opinión, no se trataba de una persona de la localidad. Por tanto le pregunté si hablaba inglés. Con un gesto bastante elocuente dirigido a mí, y con una significativa y risueña mirada, dijo: "Un poco". Este gesto me hizo recordar inmediatamente un gesto idéntico que Benjamin Creme me hizo durante un encuentro anteriormente, con el fin de acentuar la importancia de su pronunciación. Por alguna razón, se me quedó grabado en la memoria.

Le pregunté el motivo por el cual quería que la llevara en coche, ya que en esa parte de la región no hay transporte público. Con un perceptible centellear de ojos un tanto travieso, me demostró que tenía asma, respirando pesadamente con su mano sobre el pecho. Me dijo que tenía que ir a la farmacia con una receta. En ese momento tuve una reacción intuitiva interna. No podía ser casualidad, ya que mi visita a ese lugar tenía precisamente mucho que ver con un brote de asma que había sufrido anteriormente. Nadie sabía eso excepto yo. Pero mi atención se dirigía a la realidad de mi pasajera. Me ofrecí en darle curación poniendo mi mano derecha sobre su pecho durante el resto de nuestro trayecto. Ella accedió.

En lo que quedó de camino conduje el coche casi la mayor parte del tiempo con mi mano izquierda, apoyando la mano derecha sobre su pecho. Cuando llegamos al lugar ella me permitió posar mi mano sobre su cabeza durante algún tiempo, para aprovechar el último momento de la curación. Mis últimas palabras que le dije fueron: "Vaya con Dios". Me dio las gracias y me indicó que ya podía continuar sola. Luego se bajó del coche y siguió su camino.

Al principio consideré que ella podía haber sido el Señor Maitreya. Después, reflexionando sobre ello, vi internamente su rostro ondeando en el viento junto con el rostro que había visto en una iglesia local que había visitado antes. Al fondo de la iglesia estaba Jesús en la capilla ardiente con una corona de espinas sobre su cabeza. Permanecí unos instantes en ese lugar. Para mí, ese suceso ha sido el más dramático de la historia humana. No me sorprendería que yo hubiera sido testigo (o quizás algo "peor") de este drama.

¿Era la "mujer asmática" el Maestro Jesús?

H.J. P. G., Holanda.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que la "mujer" era el Maestro Jesús.)


El doble

Estimados Editores,

En otoño de 1996 un hombre que me miraba fijamente me forzó a entablar una conversación. Estaba sentado muy rectamente en un asiento circular en medio de un centro comercial de Heiloo (Holanda). Iba vestido con un traje marrón oscuro y parecía ser el doble de nuestro muy conocido Benjamin Creme: la misma estatura, rostro, ojos, expresión, aunque su cabello era de un sorprendente color castaño, al igual que su barba. Sostenía en su mano, como si se tratara de algo rutinario, una botella de cerveza. El me detuvo con su mirada, y más o menos me forzó a acercarme a él. Cuando ya estaba cerca, vi que desprendía un fuerte olor a cerveza. Era bastante extraordinario, ya que no daba la impresión de estar en absoluto borracho. Pidió unas monedas. Yo deseaba darle más de lo que él había pedido, con la condición de que no comprara más cerveza con ese dinero. El aceptó mi propuesta y me dijo que utilizaría el dinero para ir en autobús. Conversamos sobre el lugar donde vivía, su situación económica, etc., y luego nos despedimos.

Al cabo de una semana, nos volvimos a encontrar exactamente en el mismo lugar y situación. Yo le pregunté acerca de sus planes, su bebida, su responsabilidad y las consecuencias. Después nuestros ojos se encontraron "inesperadamente" en un gran supermercado. El estaba haciendo cola para pagar en una esquina del local. Tuve la sensación de que me estaba invitando a que le detuviera de comprar más cerveza. No lo hice.

Cuando ya me iba del supermercado el hombre estaba otra vez sentado en "su" banco. Nuestras miradas se cruzaron de nuevo y nos intercambiamos un "adiós". Mientras yo seguía mi camino, él me llamó: "Gracias por su humanidad". Yo me giré y le miré por última vez a los ojos. Nunca olvidaré ese sonido en mis oídos, que era exactamente la misma voz de Benjamin Creme cuando pronunció los mensajes dados a él por el Señor Maitreya. Naturalmente, después, se me pasó por la cabeza que este suceso podría no haber sido una casualidad. Desde luego esa persona no era Benjamin Creme. Quizás era nuestro gran Maestro de los Maestros. Si es así, ¡qué privilegio!

H.J. P. G., Holanda

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya.)


Conductor disciplinado

Estimados Editores, Hacia 1990, después de salir de una sesión de Meditación de Transmisión en Nueva York, subí a un autobús para dirigirme a casa. Era el principio de la línea y el autobús estaba vacío. El conductor, un hombre joven y muy simpático, me miró sonriendo, como si estuviera contento de verme, y dijo: "¡Hola!". Le pregunté sobre cómo hacer un transbordo y tomé asiento en la parte delantera del autobús, por si tendría la oportunidad de entablar conversación con él sobre los cambios que estaban ocurriendo en el mundo y, a su debido momento, mencionar que yo creía que estos eran el resultado de que el Cristo estaba ya en el mundo. Pero soy bastante tímido y nunca suelo entablar conversación con desconocidos (si es que en realidad era un desconocido), así que esperé a que él dijera algo, aprovechando la oportunidad que el autobús estaba vacío; permaneció así durante todo el viaje (a excepción mía y del conductor, por supuesto). Mientras me bajaba le dije: "Buenas noches", pero él sólo contestó: "Dios te bendiga". Me quedé muy sorprendido al oír esto, pero no obstante sentí el calor de esa bendición. Conté lo sucedido a varios amigos y luego me olvidé de ello completamente, hasta que un miembro del grupo tuvo una experiencia en la que también era la única pasajera en un autobús durante todo el recorrido, y en la que el conductor resultó ser Maitreya, según confirmó el Maestro de Benjamin Creme. Por eso me pregunto si también Él habría tenido la gentileza de aparecerse y obsequiarme además con un especial viaje en autobús. Ya que en esos tiempos Él no se aparecía a miembros de los grupos como ahora hace, y ya que nunca habría esperado tener una experiencia de ese tipo, nunca se me ocurrió que podría haber sido Él. Seguro que me sentiría decepcionado por no haber sido capaz de reconocerle y desaprovechar la experiencia. ¿Cabe imaginar lo que Él habría contestado si yo hubiera dicho que Cristo está en el mundo? probablemente habría contestado: "No sólo en el mundo, sino también en tu corazón y en este asiento de conductor". Si realmente fue Él (lo dudo sinceramente), me sentiré como si hubiera pasado inadvertidamente por delante de mi abuela en una calle llena de gente. Si la experiencia no es más que una fantasía fuera de lugar, me puedo consolar pensando que esta atormentada cuidad es afortunada por tener un conductor que bendice a sus pasajeros cuando bajan del autobús.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el conductor de autobús era un discípulo del Maestro Jesús.)

La misma persona continúa:

Santo del metro

También me gustaría saber la opinión sobre una sorprendente experiencia que tuvo una mujer mexicana hace varios años aquí en Nueva York.

Ella, su marido, y un sacerdote amigo suyo subieron a un vagón de metro en el Bronx. A esta señora inmediatamente le llamó la atención el único pasajero que allí había, una sonriente anciana que estaba sentada en el asiento justo delante de las puertas.

Se preguntaba quién podría ser esa señora, ya que le resultaba familiar, sentiéndose inclinada a preguntarle si por casualidad ya se conocían de antes. Entonces la anciana se levantó, se acercó a ellos y se colocó cerca de la señora mexicana, entablando una conversación sobre la necesidad de tener más amor en el mundo. En esos momentos ya habían entrado más personas en el vagón, y la anciana y la mujer mexicana también se dirigían a los demás (la mayoría eran de origen hispano, ya que se adentraban en una barrio de hispanos). Le pregunté a la mujer cuál fue la reacción de los pasajeros y ella dijo que todos ellos prestaban atención y asentían con la cabeza, algo inusual para los neoyorquinos, que normalmente ignoran a los predicadores de metro.

La mujer me dijo que se sintió tan abrumada por la experiencia que incluso olvidó a dónde se dirigía, así que la anciana le dijo: "Tú te bajas en la próxima estación, y yo te acompañaré hasta fuera del metro". Cuando se encontraban en el andén, las dos mujeres se abrazaron y la anciana les dio la mano a los dos hombres, pero la mujer mexicana sintió tanto amor por ella que la quería abrazar de nuevo, aunque sus brazos sólo dieron con el aire: la mujer había desaparecido justo delante de ellos.

Se quedaron asombradísimos, preguntándose qué es lo que había ocurrido y buscándola en vano.

Yo no tengo duda alguna de quién era la "anciana". Esta mujer mexicana me había llamado solicitando información sobre Maitreya después de haber leído un artículo sobre Él en un periódico español, y el artículo tenía mi nombre y número de teléfono para solicitar más información. Cuando le dije que Maitreya se estaba apareciendo a muchas personas asumiendo distintas apariencias – como un hombre joven, un vagabundo, una anciana – la mujer me interrumpió exclamando: "¡Ay, ay, ay, lo sé, lo sé!" y luego me contó su historia. Mientras la escuchaba, sentí el mismo tipo de alegría, de dicha, que siento cada vez que leo las experiencias con Maitreya que las personas relatan en estas cartas.

J. A., Nueva York, EEUU.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que la "anciana" era Maitreya.)




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