Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Abril 1997
Título: Cartas de Lectores sobre Experiencias de Maitreya y los Maestros

CARTAS AL EDITOR -- ABRIL 1997

Cuando se escriba a la sección de cartas de Share International, por favor indicar si desea que su nombre sea omitido. En ausencia de indicaciones los editores asumirán que el nombre puede publicarse. A menos que se pida lo contrario, algunas de estas cartas podrían ser reproducidas en nuestra página web. Allí sólo se utilizarán iniciales, ciudad y país.
Debido al espacio disponible, en esta sección sólo se publicará una selección de todas las cartas que se publican en la versión inglesa de la revista.
Debido al creciente número de cartas recibidas, podrían pasar meses hasta que una carta fuera publicada. Por favor abstenerse de enviar una misma carta más de una vez, puesto que puede causar retrasos y confusión.

Durante muchos años, algunos de los Maestros, en especial Maitreya y el Maestro Jesús, se han aparecido en las conferencias y Meditaciones de Transmisión de Benjamin Creme. Ellos también se aparecen, con diferentes disfraces, a un gran número de personas en todo el mundo. Algunas personas envían sus experiencias a la revista Share International. Si las experiencias son autentificadas por el Maestro de Benjamin Creme, las cartas son publicadas.
Estas experiencias son dadas para inspirar, guiar o enseñar, a menudo para curar e inspirar. Muy a menudo, también, llaman la atención, o comentan, de una forma divertida, alguna intolerancia fija, por ejemplo, fumar o beber. Muchas veces los Maestros actúan como “ángeles” salvadores en accidentes, durante tiempos de guerra, terremotos y otras catástrofes.
Ellos utilizan un ‘familiar’, una forma mental, que parece totalmente real, y a través de la cual los pensamientos del Maestro pueden expresarse: Ellos aparecen como un hombre, una mujer, un niño, a voluntad. Ocasionalmente Ellos utilizan el ‘patrón’ de una persona real, pero en la mayoría de las veces el ‘familiar’ es una creación completamente nueva. Las siguientes cartas son ejemplos de este tipo de comunicación de los Maestros.


Curada por las cruces de luz

En el ejemplar de julio/agosto de 1996 de Share Internacional, Buddy Piper relató la visita a la iglesia bautista de Copper Ridge cerca de Knoxville, Tennessee. Han aparecido allí cruces de luz cada día desde el 8 de noviembre de 1995. Se han registrado más de 60 curaciones como resultado de estas bellas manifestaciones. Yo soy una de estas personas que recibió el toque sanador de Dios después de contemplar este fenómeno espiritual.

Desde abril de 1995 hasta el 27 de mayo de 1996, experimenté un dolor atroz en mi cabeza que duraba sin que nada lo pudiera aliviar, durante períodos tan largos como seis días seguidos.

En los 14 meses de esta enfermedad, busqué la ayuda de herbolarios, un dentista, dos especialistas en alergias, mi médico de familia, un ginecólogo, y dos neurocirujanos. Fue el segundo de ellos quien me informó que tenía un tumor cerebral. Estaba situado en una parte muy delicada de mi cerebro. Después de recibir el diagnóstico un viernes, me invitaron al día siguiente a pasar unos días de vacaciones en el sur. Estaba ansiosa por ir, y llenar mi mente de paisajes bonitos.

Al llegar a Tennessee, se nos informó de las maravillosas cruces que aparecían en esta pequeña iglesia de campo. No se nos dijo mucho más. Nos detuvimos cerca de la iglesia bautista de Copper Ridge a las 2.30 de la madrugada. Inmediatamente bajé de la furgoneta, llevando conmigo la cámara de fotos, para colocarme en un buen sitio para contemplar las cruces.

Permanecí fuera de la iglesia mirando [por una ventana] a través del auditorio las ventanas del otro lado. ¡Lo que presencié cambiaría mi vida! Allí, ante mí, se encontraba una cruz dorada que ocupaba toda la ventana. La energía que emanaba de esta manifestación era vigorizante. Me apresuré hacia las otras ventanas en el mismo costado de la iglesia. De nuevo la misma imagen vivificante. Todo el episodio duró sólo unos pocos minutos, ya que teníamos que irnos. Saliendo por el camino de entrada a la iglesia, se me pusieron los pelos de punta. Alguien mencionó que acabábamos de ver un milagro.

Al cabo de dos días, sabía que Dios me había tocado. Por primera vez en más de un año, salí de mi profunda depresión, mi dolor debilitante, y mi reclusión. ¡Me encontraba otra vez sana y libre de dolor!

Esa noche del segundo día, el 29 de mayo de 1996, realicé una ansiosa llamada a la pequeña iglesia que descansa sobre un montículo en las estribaciones de Tennessee. El Reverendo Joe Bullard estaba dando el sermón del miércoles por la tarde, así que hablé con un miembro de la iglesia. Rápidamente le expliqué que había visto las cruces de luz dos días antes. Y que sólo quería hacerle una pregunta: "¿Se han registrado curaciones entre aquellos que han visto las cruces?" "Oh, Sí", contestó de forma entusiasta. Yo contesté: "Bien, entonces puede añadir mi nombre en la lista".

Ya han pasado nueve meses desde mi curación por las cruces. He regresado a ese lugar cuatro veces más, y le he contado literalmente a cientos de personas sobre los milagros de Dios. Mi historia ha sido narrada en el periódico local, a un periodista europeo, y a todo aquél que quiera estar el tiempo suficiente para escuchar. He recibido muchas llamadas y cartas de fuera del estado, de todos aquellos que necesitan inspiración o quieren contar sus experiencias con las cruces de luz. Toda persona que quiera contactar conmigo es bienvenida a hacerlo.

J. A., 2508 Kent Avenue, Kokomo, Indiana 46902, EEUU.


Sin rendición

Estimados Editores,

(1) Londres, 29 de junio de 1996. Paseaba por Brick Lane, la zona de Londres donde Maitreya vivía inicialmente. Los vecinos están preparando un festival callejero y está lleno de gente. De pronto, un hombre alto se interpone en mi camino y dice, mientras sigue andando: "Lucharemos en las playas". Por supuesto yo conozco estas palabras, ya que son parte de mi pieza favorita de oratoria – impregnada de poder y elegancia: el gran "discurso de la guerra" de Churchill llamado "La Retirada de Flandes". El hombre es de aspecto hindú, y lleva un turbante sikh. A pesar de su altura, se mueve con rapidez.

Los dos seguimos andando, y el corto diálogo que se desarrolla entre nosotros sólo dura unos segundos. Le pregunto: "¿Luchando contra quién"? Aunque quizás estas no sean sus palabras exactas, su respuesta se reduce a lo siguiente: "Lucharemos contra aquellos que nos combatan". Y sobre sus hombros añade: "Nunca nos rendiremos", otra frase de Churchill. Mi respuesta: "Cuenta conmigo". Luego se da la vuelta, me mira directamente a los ojos y dice: "MUCHAS gracias".

Un encuentro breve de un acto que, aunque corto, se me antoja como ligeramente sorprendente. Pero poco a poco, en los días posteriores, empecé a reconstruir el suceso y a reflexionar sobre sus elementos inusuales.

Es bien cierto que abundan excéntricos dirigiéndose a desconocidos transeúntes. Pero excéntricos que correctamente citen a Churchill son algo más difíciles de encontrar. Incluso más difícil, por definición, son excéntricos sikh citando a Churchill. Especialmente cuando te hablan en un inglés de Oxford sin acento – al menos así sonaba en mis oídos holandeses. Y además de todo esto, ¿qué probabilidades había de que estas palabras fueran dichas a un extraño elegido al azar que precisamente las conocía bien y que ha sentido por ellas un respeto reverencial durante toda su vida? Otro aspecto curioso es, y aquí el argumento se vuelve puramente subjetivo, que estas palabras, para mí, expresan perfectamente la determinada obstinación que parece unirme a este trabajo de dar a conocer la presencia de Maitreya.

Por tanto, en cierto sentido, no importa mucho si este hombre (de ojos penetrantes y agudos, centelleantes) era o no un antiguo miembro de la Jerarquía, aunque poco a poco empecé a pensar que pudo haber sido mi Maestro.

Pero incluso si no lo fue, lo que dijo dio en el clavo. ¿Falta de respuesta? ¿Resistencia? Desde luego.¿"Retrasos"? ¿Fricciones entre colaboradores? Ciertamente. ¿Cansancio? Ya lo creo. ¿Pero rendirse? Nunca.

P.L., Holanda.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el "excéntrico" sikh era Maitreya.)

Retroceder o no retroceder

(2) Conduciendo de vuelta a mi ciudad, me encontré de repente delante de un enorme camión en un cruce de dos carreteras estrechas. Uno de los dos debe ceder el paso y, ya que yo tengo preferencia, decido que no me voy a mover ni un centímetro. El conductor del camión sale de su vehículo, yo espero una pelea, pero no me siento inclinado a ceder. Apago el motor, me cruzo de brazos. Tengo todo el tiempo del mundo.

Bajo la ventanilla de mi coche y el conductor del camión me pregunta muy educado si sería tan amable de dar marcha atrás sólo un poco. No, no quiero. ¿Pero, no puedo ver que es muy difícil para él? Ahora ya hay muchos coches detrás del camión. Y sería muy fácil para mí. Eso puede ser, digo friamente – pero no me preocupo demasiado. Siempre pasa lo mismo con estos camiones, sólo porque son más grandes siempre se abren paso. El hombre permanece relajado y agradable. Juzgo que tiene unos 50 años, quizás un poco más mayor. Educadamente, me dice que tengo razón, pero ¿podría considerar moverme sólo un poquito? Desde luego él debería haberme dejado paso, pero ya que ahora nos encontramos en esta situación, ¿no sería más lógico y fácil si yo retrocediera sólo un poco?

Empecé a ceder. La estrategia de la razón y de la armonía a través de la armonía siempre tiende a acabar con mi resistencia. No obstante, una vez más pero ya un poco abandonando, digo que no me gusta mucho la idea de moverme. Pero él cortésmente repite su punto de vista totalmente justificado y yo me echo atrás.

Medio riendo, admito que tiene razón, naturalmente; él me devuelve la sonrisa y yo pongo la marcha atrás.

Eso es todo. Por qué motivo ahora, un año o más después de este incidente, sigo pensando que quizás fue Maitreya, no lo sé, aunque sería acertado decir que de este encuentro – una conversación aparentemente superficial – pude destilar unas cuantas gotas de amor-sabiduría.

P.L., Holanda.

PD: Al cabo de unos días después del incidente pasé por el mismo cruce, y descubrí que el conductor del camión tenía razón. Yo era quién debería haber cedido el paso.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el conductor del camión era Maitreya.)

Contra todas las expectativas

(3) Hace muchos años, alrededor de 1970, me vi involucrado en otro incidente de tráfico, pero esta vez yo tenía razón, aunque ciertamente no me resultó de mucha utilidad dadas las circunstancias. Circulaba a cierta velocidad (a unos 100 Km/h) cuando aterricé debajo de un camión militar que de repente se precipitó hacia mí con gran estruendo. Al instante la gente de los otros coches se acercaron al camión, pálidos e impresionados, convencidos de encontrarse con una escena sangrienta. No me extraña – el impacto del choque había sido enorme y mi coche quedó atrapado debajo del camión justo hasta el volante. Casi no quedaba espacio entre mis rodillas y las gigantescas ruedas. Aparte de un pequeño rasguño no sufrí heridas, y sólo quedé ligeramente afectado. Pero pensando en lo que podría haber ocurrido y lo que debería haber ocurrido, hablando en términos lógicos, entonces la única conclusión que puedo extraer es que debí haber recibido los beneficios de la ayuda Jerárquica.

P.L., Holanda.

(El Maestro de Benjamin Creme acepta plena responsabilidad por su intervención en la ley de colisiones.)

Sabio consejo

(4) Es primavera, probablemente en 1961. Tengo casi 18 años, y estoy sentado en un pequeño banco de St. James Park, disfrutando de mi primer viaje a Londres. A mi lado, en el banco, están sentados una simpática pareja que, vista a través de mis jóvenes ojos, parecen viejos. Entablamos conversación. Si no me equivoco, creo detectar un acento irlandés mientras yo me expreso en un inglés monosilábico de estudiante. Hablamos de esto y aquello. ¿Me gusta Londres? ¿Todavía voy a la escuela? Este tipo de cosas. Nada especial.

De repente el anciano dice afablemente: "La vida es corta, amigo. Aprovéchala al máximo." Lo repite tres veces.

Otra vez: nada especial, nada inusual. Es el tipo de cosas que dicen los ancianos y que los jóvenes detestan. No obstante, lo que dijo significaba algo para mí – era verdadero e importante. ¿Que la vida es corta? No, eso no significaba nada, pero su consejo de que la aprovechara al máximo, eso me cautivó. No quiero dar a entender que eso se convirtiera en el principal lema de mi vida, pero de alguna forma u otra ha permanecido conmigo, recordando esta escena con cierta regularidad. Por este motivo me pregunto ahora, después de tantos años, si la pareja irlandesa era, posiblemente, de origen Jerárquico.

P.L., Holanda.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya y la mujer era el Maestro Jesús.)

Director de cine: El Maestro Jesús

(5) Aún más enterrado en mi memoria se encontraba un incidente que por mucho tiempo había permanecido dormido. Un comentario realizado por Benjamin Creme sobre la "infancia temprana", durante una charla en la Conferencia de Meditación de 1996, accionó de pronto el cerrojo de una puerta oculta. Tengo unos cinco o seis años, y estoy jugando en casa de una niña de nuestro vecindario. Por una u otra razón, que ahora se me escapa, la madre de la niña cree que soy un pequeño impertinente y decide enseñarme una lección. Ella planea un extraño castigo: me encierra en un pequeño armario, negro como boca de lobo, debajo de las escaleras. No sé cuanto tiempo permanecí en él. ¿Cinco minutos?, ¿una hora? Ni idea. Nunca pudo haber durado demasiado, por lo que a mí se refería, porque, justo ahí, delante de mis ojos, empezaron a sucederse una serie maravillosa de imágenes móviles y de colores. – igual que en una película. No puedo recordar si las imágenes tenían algún significado. Lo que sí que sé es que me senté a ver, absorto, sin rastro de temor alguno ante esa agobiante situación en la que había acabado. Hace poco le pregunté a mi madre si podía recordar algo de este incidente. Sí que lo recordaba, incluso recordaba que ocurrió un viernes, y que después le había intentado explicar un par de veces los maravillosos 'colores' que había visto. En realidad ella no lo pudo entender – ni siquiera yo tampoco. ¿Es posible que hubiera una mano Maestra detrás de esta representación de imágenes móviles?

P.L., Holanda.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que fue el Maestro Jesús quien decidió entretener al, por aquél entonces, joven creyente, con el fin de salvarle de una experiencia que, de lo contrario, hubiera sido traumática.)


De ojo a ojo

Estimados Editores,

Ocurrió durante la noche del 7 o 8 de julio de 1996, hacia el amanecer. Desde hacía unos días me sentía exhausta, y en esos momentos me encontraba profundamente dormida. De pronto, en mi sueño, sentí una presencia. Procedía de la ventana a mi derecha, me despertó. Pensé que estaría soñando. Abrí mis ojos, muy soñolientos, y en ese momento dos ojos marrón claro puros y luminosos me miraron directamente con gran intensidad. En pocos segundos los ojos se encontraron con los míos dos veces. Los ojos parecían tan puros como un apacible océano dorado.

Volví a dormirme, pero a lo largo del día siguiente esa visión seguía inquietándome. No puedo evitar pensar en esta experiencia. ¿Podría explicarla, por favor?

M. A., Francia.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que esta fue una experiencia de Maitreya.)


Montaña Sagrada

Estimados Editores,

Creo que fue en 1982 cuando mi amiga y yo paseábamos por un pequeño pueblo en una montaña de los Pirineos Occidentales. Buscábamos un trabajo temporal, ya que era la época de recogida de frutas. De pronto, delante nuestro, apareció un hombre de belleza extraordinaria, vestido en una túnica blanca, descalzo. Estaba rodeado de luz y sentía como si él estuviera andando con Dios. Su rostro expresaba amor y yo, también, sentí amor. No encuentro palabras para describir la belleza de esta persona increíble, completamente, perfectamente, maravilloso. Por favor, me gustaría saber quién era ese hombre.

T. L., Francia.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya.)


Evangelista

Estimados Editores,

Cada vez que leo la sección de cartas al editor de Share International, no puedo evitar recordar un hombre que vi en 1995, y pienso que...¿quizás? Paseaba por el centro de Nottingham, y un hombre que parecía vagabundo se acercaba hacia mí. Era un hombre alto, fornido, con una barba negra y chaqueta del mismo color. Llevaba una especie de pancarta en su mano derecha que decía algo como "Jesús salva". Cuando nos íbamos a cruzar, alzó la pancarta un poco y dijo: "Alaba al Señor". Su mirada era muy inspiradora, ya que sus ojos realmente brillaban de pura dicha, como nunca había visto excepto en Sai Baba. ¿Era ese hombre Maitreya? – y si es así, ¿podría decirme qué es lo que realmente estaba escrito en la pancarta? Realmente siento la necesidad de saberlo, tanto si lo fue como si no.

S. B., Nottingham, Inglaterra.

(El Maestro de Benjamin Creme confirma que el hombre era Maitreya. Las palabras de la pancarta decían: "¡Jesús Salva!")




[REGRESO A LA HOME PAGE]